Diario de León
Publicado por
ANTONIO NÚÑEZ
León

Creado:

Actualizado:

H a declarado el presidente Zapatero en la primera entrevista del año concedida a una emisora de radio que «en el 2011 se consolidará el crecimiento de la economía española». Podría ser, pero no dio más detalles ni dijo en qué arcanos se basaba. Debe de tener como asesor económico a una echadora de cartas, que bien podría ser el ministro Sebastián: con un peluquín sería Rappel y bombillas anticrisis ha repartido a manta, así que alguna le sobrará para la mesa camilla del consejo de ministros. Consultados, no obstante, sesudos especialistas en las ocultas ciencias económicas y a falta de que salga el sol, las opiniones se dividen en dos, estadísticas cabronas aparte. Los más optimistas opinan que «como las cosas no pueden ir a peor necesariamente tienen que ir a mejor, digan lo que digan las leyes de Murphy», al que siempre se le caía al suelo la tostada del desayuno del lado de la mantequilla. Es el caso también de Caja España y la Cultural. Hay, no obstante, algunos pesimistas que, como me dijo una vez el exsíndico de la Bolsa de Madrid, Blas Calzada, cuando le pregunté en la otra crisis de los noventa si habíamos tocado fondo, respondió: «Sí; ahora nos toca cavar». Blas, creo que ya difunto, estará criando malvas dos palmos bajo tierra, pero, si hubiera cascado ahora, serían como mínimo cuatro.

Con la que está cayendo eso de consolidar las posiciones del crecimiento español suena inevitablemente al chiste aquel de la carrera de caballos cuando la propaganda de los gobiernos en tiempos de la guerra fría lo arreglaba todo con una llamada al director del periódico. El chiste es muy malo y facilón, pero dicen que corrían un caballo americano, otro ruso e, inevitablemente, uno español. Quedaron por el mismo orden primero, segundo y tercero. Entonces la prensa gringa tituló «nuestro potro el primero y el soviético el penúltimo», noticia que fue recogida en el Pradva como «el alazán ruso llegó el segundo y el americano antepenúltimo». Por su parte, los diarios españoles contratitularon a toda pastilla «nosotros los terceros, los rusos los penúltimos y los americanos los antepenúltimos». Esto de la prensa funcionó siempre así y lo de Zapatero no es ninguna novedad. Aquí mismo ya contaba Victoriano Crémer que cuando la Cultural jugaba en primera y le metieron sucesivamente uno, dos y tres goles, transmitidos por el corresponsal radiofónico de la época, al llegar al cuarto se salió con un «nos han metido otro, pero vamos dominando».

Resulta esperpéntico el optimismo del paisano presidente, que un año está en desaceleración económica, el siguiente en crisis y el último en consolidar crecimientos de no se sabe qué. Hay otro chiste al respecto y es cuando Jesucristo les dijo a sus discípulos aquello de «hoy me veis, pero mañana no me veréis», a lo que es fama que el católico Bono, presidente del Congreso, le respondió a Zapatero por cuenta de si se presentaba o no otra vez a la reelección: «Maestro, te seguimos por lo bien que te explicas».

En un país con cuatro millones muy largos de parados los recursos propagandísticos del Gobierno se parecen a la carrera de los tres caballos. Ha dicho también Zapatero que el número de españoles con trabajo supera los quince millones, «más de los que había cuando yo llegué al Gobierno». Hombre, visto así queda bien, pero el problema es que en España somos cuarenta y cinco millones, contando jubilados, prejubiletas, parados, amas de casa y el moro de la patera. Y eso sin fichar a los funcionarios de las innúmeras administraciones, que son ciento y la madre que parió a autonomías. Los empleados públicos suman tres millones, algunos muy majos y que te dan atención personalizada como en El Corte Inglés, pero con otros se nota mucho la masificación a ambos lados de la ventanilla. Esto vale tanto para operarse de apendicitis como para la cola del paro, donde hay que sacar número tal que en la pescadería.

En el club de fumadores por la tolerancia se comentaba sosegadamente ayer que para tapar todas estas pamplinas se había inventado la nueva ley antitabaco. Básicamente estamos todos de acuerdo como en los clubs británicos, donde las normas también prohiben entrar a las señoras y a los niños. Y no vea usted la paz que se respira en aquellos salones, pipa va y puro viene. «Bautista, otro whisky, please». Las partidas de tute en el bar Rincón de Armunia son, en cambio, un desastre con Leire Pajín y sin farias.

No sé si creceremos, pero sin ése tipo dentro de un año saldríamos de ésta. Por lo menos la hostelería.

Que es un servicio público.

tracking