El sueño de estar viva
Cada día su afán José-Román Flecha Andrés
Durante un congreso mundial en el edificio de las Naciones Unidas, en Nueva York, nos hicieron ver la diapositiva de una niña etíope. Los técnicos de la organización le habían preguntado qué deseaba ser de mayor. Y ella había respondido con una sola palabra: «Viva».
Hoy se dice que los niños son los reyes del hogar. Se piensa que viven muy bien y que tienen todo lo que necesitan. Pero esa opinión es cínica y parcial. Refleja la visión de un mundo egoísta y satisfecho que ignora la realidad.
Viven bien algunos de los niños que logran sobrevivir. La Organización Manos Unidas nos recuerda que cada hora mueren en el mundo más de 1000 menores de cinco años. Cada minuto mueren 9 niños por causas asociadas a la desnutrición. ¡Y no nos da vergüenza! Un mundo que ignora o permite este drama es un mundo cruel e inhumano, que se contradice a sí mismo.
Nuestra sociedad pregona que «la maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y existencia especiales». Así lo decía en 1948 la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Pero, en la práctica, ese derecho no encuentra cauces sociales y políticos para su aplicación.
Según Manos Unidas, los niños mueren por insuficiencia de peso al nacer, por hambre y desnutrición, por enfermedades como la malaria, el sarampión o el sida, por infecciones y falta de higiene, por falta de personal sanitario, falta de salud de sus madres y falta de preparación de las madres y los padres. Siete puntos espinosos para un examen realista de conciencia solidaria.
Los niños son la esperanza de la humanidad. Juan Pablo II decía en las Naciones Unidas: «Ningún país del mundo, ningún sistema político, puede pensar en el propio futuro de modo diverso si no es a través de la imagen de estas nuevas generaciones que tomarán de sus padres el múltiple patrimonio de los valores, de los deberes, de las aspiraciones de la nación a la que pertenecen, junto con el de toda la familia humana».
En 1990 entró en vigor la Convención de los Derechos del Niño. Sin embargo, «la situación de gran parte de los niños en el mundo dista mucho de ser satisfactoria, por la falta de condiciones que favorezcan su desarrollo integral». Así lo afirma el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, antes de enumerar los agravios y atropellos que la infancia padece (n. 245).
«Su mañana es hoy». Un buen lema, a la vez inquietante y esperanzado, con el que la organización católica Manos Unidas quiere recordarnos el cuarto objetivo del milenio: «reducir la mortalidad infantil». ¡Qué lejos estamos de considerar siquiera aquellos ocho objetivos que 189 Estados se comprometieron a luchar por conseguir!
Teniendo en cuenta las cantidades de dinero que se despilfarran en otros campos, es indignante pensar en los niños que no superan la edad de los cinco años. No es extraño que una niña etíope tenga como único sueño el de poder sobrevivir.