Diario de León

Liturgia dominical

Por sus frutos los conoceréis

Publicado por
JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES
León

Creado:

Actualizado:

En:

El Evangelio de este domingo nos invita a la autocrítica: si no soy capaz de ver la viga que tengo en mi ojo, ¿cómo podré ver la mota que tiene el vecino en el suyo? Será que soy miope y, por tanto, no puedo dar recetas a los demás, porque, como dice Jesús: «Si un ciego guía a otro ciego, caerán ambos en el mismo hoyo». No podemos ponernos, pues, a hacer de maestros de los demás si aún no hemos aprendido a tomarnos en serio al único Maestro indiscutible. Porque sólo cuando estemos formados en la espiritualidad evangélica, podremos parecernos un poco a Jesús y ofrecer un ejemplo y, quizá, un pequeño consejo.

Si el discípulo está revestido de Cristo, porque recibió la unción del bautizado, la unción del Espíritu, lo que diga le manifestará. Al árbol se le juzgará por sus frutos. Así, pues, el cristiano está comprometido en lo que ha llegado a ser por el bautismo y por su pertenencia a Cristo. No quiere esto decir que deba estar cerrado sobre sí mismo. Sino que hay concepciones a las que no puede adherirse. Esta exclusividad no viene del exterior, sino su misma condición de «ser cristiano». El cristiano no puede por menos de hablar cristianamente, aunque no siempre es fácil juzgar por uno mismo si lo que quisiera decir está de acuerdo con el pensamiento cristiano. En ese caso, deberá tener humildad para pedir consejo, y no por motivos de disciplina sino por respeto a lo que él mismo es: se le juzgará, y con él a la Iglesia, por sus palabras; se juzgará al árbol por sus frutos. El discípulo ha de tener, por tanto, su propia manera de ser: la de un bautizado, que se ha revestido de Cristo. Todo lo que dice, como todo lo que hace, le compromete a él y compromete también a Cristo y a la Iglesia. Estando en el mundo, formamos parte de una creación nueva. Sin embargo ni por un instante podemos desinteresarnos del mundo ni retirarnos a nuestra casa para estar seguros de que respondemos perfectamente a lo que somos. Al contrario, si somos conscientes de lo que somos, nos sentiremos en la obligación de ponernos cada vez más al servicio del mundo. Esto exige que el discípulo sea lo que debe ser, y que su palabra sea siempre la de quien se ha convertido en mensajero de Dios.

El mejor «evangelio», la mejor «buena noticia» es una vida evangélica, sencilla pero auténtica, sin pretensiones pero sin concesiones a intereses torcidos: ambición, intolerancia, discordia, idolatría, partidismo, etc. Es lo que San Pablo llamará los «frutos de los bajos instintos». La verdad principal es ésta: «Cada árbol se conoce por su fruto: el que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien». El tiempo cuaresmal que tenemos ya casi a las puertas puede ser buena ocasión para replantear al lado de Cristo la calidad de nuestra vida de cristianos.

tracking