Yo soy camino, verdad y vida
Liturgia dominical
JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES
Tal vez estas palabras de Jesús sean las que con más hondura y belleza describen su propio ser y misión. Cristo se hace hombre, muere y resucita por cada uno de nosotros, para que encontremos el camino que conduce al Padre, la verdad que nos hace libres y la vida que nos llena de alegría. Un estilo de vida nada fácil, que nos exige cruz y sacrificio, donación y entrega, pero nos asegura que esas actitudes nos dan plenitud de vida y nos abren a la vida eterna. Nos sitúan en la capacidad de descubrir a Dios como fundamento de nuestra existencia.
Descubrir a Cristo como camino es escuchar en él la invitación a andar, a cambiar, a renovarnos constantemente, a crecer y ahondar en la vida, a construir siempre, a hacer historia más evangélica.
En él nos apoyaremos cada día para hacer el camino que va de la incredulidad a la fe. Encontrar en Cristo la verdad es descubrir desde él a Dios en la raíz y en el término del amor entre los humanos, es darnos cuenta de que el hombre sólo es hombre en el amor y que la única verdad es el amor, que se verifica en la cercanía a quien sufre. Encontrar en Cristo la vida no es admirar a un líder ni formular una confesión sobre Él. Es encontrarse con Cristo vivo y capaz de hacernos vivir. A Jesús siempre lo empequeñecemos y desfiguramos al vivirlo. Sólo lo reconocemos al amar, al rezar, al perdonar, al crear fraternidad. A Jesús no lo poseemos. A Jesús lo encontramos cuando nos dejamos cambiar por él, cuando nos atrevemos a amar como él, cuando repartimos vida y hacemos fecunda la humanidad.
El camino que nos ofrece Jesús no es una doctrina o un comportamiento ético, sino una persona. Para llegar a la salvación, no se necesitan nuevos conceptos ni nuevos ritos ni nuevas exigencias ascéticas; sólo se necesita creer en Jesús, confiar en él, aceptar su palabra, seguir sus pasos. En Jesús se concentran todas las orientaciones y las exigencias que el hombre necesita para llegar a buen puerto. Jesucristo es la verdad del hombre, es el hombre ideal hacia el que todo humano se dirige y con el que todo hombre debe conformarse. Cuanto el hombre más se acerca a Cristo, más se humaniza; cuanto más se aleja, más se desfigura. Él es el hombre perfecto. Cuando sembremos en el mundo más y más semillas de Cristo, la vida florecerá. La Iglesia invita a la humanidad de hoy para que encuentre de nuevo, por el camino del amor fraterno, a aquel Dios del que se ha dicho: Alejarse de él es caer; dirigirse a él es levantarse; permanecer en él es estar firmes; habitar en él es vivir.