Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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La correspondencia es inviolable, nos aseguraron. En este precepto se valen las sociedades de derecho y respeto. Violar el correo es algo que no puede tener perdón.

Pues ahora tiene premio.

Se sirve con risas o puñales para el que quiera malmeter o vengarse; ahí está la montaña guarra de chicas en fotos comprometidas que cuelgan sus exnovios desairados para que se ría la peña, el sitio y, de paso, el planeta entero.

La última y gorda: hay burla a huevo con los 24.000 mensajes y correos de la supermegafragilísticaespialidosa Sarah Palin miestras fue gobernadora de Alaska. Los han aireado. Los cuatro vientos los pregonan o vocean ya.

No ha sido el clásico golpe de hacker cachondo o espías de empresa. Ha sido el propio estado de Alaska, gobernado hoy por republicanos, quien legalmente decidió sacarlos a la luz y venderlos a la prensa para que acaben colgados como brasas sobre la pólvora de internet. Son correos personales, pero no se han hecho públicos unos dos mil por ser información sensible o protegida. Vaya, esos precisamente son los que interesan, porque en el resto no se ha encontrado más carnaza o vergüenzas que las que delatan como provinciana, firulí y elemental a la lideresa del Tea Party (y eso ya se sabía).

¿No es entonces una violación del secreto de la correspondencia personal?... ¿no huele a consigna política de «Salvad al soldado Ryan y violad a la Palin»?

Seguramente. Pero los teléfonos que usó la señora gobernadora los pagó el estado, su titular, y como tal puede rescatar todo lo que se guarda en su cuenta del almacén informático; ahí están todas y cada una de nuestras llamadas privadas y mensajes; y ahí seguirán in aeternum, igual que cada cosa que escribimos en la pizarra del ordenata.

Piénsatelo.

En ese almacén saben al dedillo tu cara pública, la privada, lo íntimo y hasta lo que creías secreto. Esos cabrones lo guardan todo y saben todo de ti: con quién hablas, qué te gusta, dónde meas, qué buscas, qué página porno visitas, cuánto debes, qué compras... Estás pillado, rapaz. Así que cuando hables o escribas, recuerda siempre que ya no eres un secreto para nadie y que el patio de tu casa ya nunca será particular.

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