Diario de una aventura
Aclimatando en Leh
Ponemos rumbo al lago Tsokar, donde deberíamos llegar en cinco días;y de ahí, hacia el famoso lago Tsomoriri y las montañas que hay tras él

Jesús Calleja posa en Leh, la capital del Ladakh.
Amigos, aquí estamos, en este rincón del Himalaya indio, en el Ladakh. Aquí comienza nuestra aventura que nos va a llevar a las montañas más remotas de la meseta tibetana, de las que apenas se sabe nada. Los cuatro componentes del equipo: Rafa Lomana, Kike Calleja, Emilio Valdés y yo mismo estamos súper motivados con este nuevo desafío. ¡Es pura exploración! Tenemos un objetivo y una meta muy claros, pero no sabemos lo que nos vamos a encontrar ¡ni cómo vamos a lograr conseguirlo!
Llegamos a Leh, capital de Ladakh, hace ahora un par de días; hemos estado aclimatando (Leh está ya a 3.500 metros de altura) y haciendo las últimas compras finales. Desde Leh nos espera un viaje de ciento y pico kilómetros en todoterreno por la única carretera que comunica la llanura con el Himalaya (los collados a más de 5.000 metros están todos cerrados por la nieve) y que nos llevará hasta Rumtse, a 4.235 metros de altura, que es donde hemos subido hoy para avanzar en la aclimatación. También aquí hemos arreglado el transporte de las cargas: hemos alquilado catorce caballos para llevar toda la comida, todo el campamento... todo irá en estos caballos. Es una expedición pesada, en la que hemos de llevarnos todo para ser completamente autónomos y autosuficiente al adentrarnos hacia las montañas.
Es una zona muy, muy poco transitada, no hay caminos, ni siquiera sendas, es como una sucesión de valles que se van comunicando por collados todos, absolutamente todos, de más de 5.000 metros. El collado más bajito está a 5.100 metros y el más alto a 5.450 metros. Tenemos previsto pasar un buen número (creemos que nueve) de estos collados de hasta casi 5.500 metros. El número exacto de collados no lo podemos saber, porque lo iremos decidiendo en función de la nieve que nos encontremos. ¡Y es que hay mucha nieve en altura! Es muy importante que encontremos a los habitantes de estas montañas -porque por aquí no hay pueblos- los nómadas tibetanos de la región del Chang Tang para que nos puedan orientar. Según nos vayan orientando, igual decidimos, en vez de seguir la forma de un valle, atajar por otros collados, y así vamos cortando valles, que aquí son transversales, no longitudinales.
Estos nómadas cruzan estas zonas ilegalmente desde la parte de Tíbet porque no quieren vivir en territorio ocupado por el gobierno chino. Prefieren venir a un lugar libre, a esta zona de India, con su ganado, a buscar pastos. Y nosotros tenemos que encontrar a estos changtaníes para que nos orienten en nuestro objetivo: la cordillera de Korzok. Es allí donde nos dirigimos, amigos, ¡nuestro objetivo final! Se sabe que allí hay un par de picos de seis mil metros más o menos conocidos, el Mentok I y II, que se encuentran al este de la cordillera. ¡Pero por el oeste no entra nadie! No hay ninguna referencia de que se haya entrado nunca por esta parte, ni de que se hayan ascendido nunca ninguna de las grandes montañas de esta parte de la cordillera (que es enorme). En los mapas no figura ni un solo nombre de la zona, ni de los valles, ni de los ríos, ni de los picos... ¡son como vacíos que hay en los mapas! Así que, amigos, mañana ponemos rumbo a al lago Tsokar, donde deberíamos llegar en cuatro o cinco días; y de ahí, hacia el famoso lago Tsomoriri y las montañas que se levantan detrás de él, las del Korzok. Creemos que las habremos alcanzado dentro de nueve o diez jornadas. ¡Os escribiré pronto, amigos!