Publicado por
José María Calleja
León

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La irrupción del movimiento de los 'indignados' ha escenificado ante la opinión pública mundial un estado de enorme irritación entre los jóvenes españoles. Irritación provocada por el paro, por la carestía de la vivienda, por la falta de perspectivas, por la manera de actuar de banqueros y políticos, por el anquilosamiento de la vida pública, por las desigualdades, insultantes y crecientes, entre los muy ricos y los muy pobres, por lo que se percibe como inoperancia de los partidos políticos convencionales.

A partir de ahora algunas cosas han cambiado de manera radical: la forma en que se ve a banqueros y a políticos, la manera en que algunos de estos empiezan a verse a sí mismos. En los últimos años hemos pasado de la tradicional estructura vertical, en la que el emisor informaba y el receptor esperaba quieto y disciplinado, como si escuchara al Oráculo de Delfos, a un sistema horizontal de circulación de la información y del establecimiento de la agenda, un sistema no estático en el que cientos de personas desconocidas se erigen en informadores y creadores de opinión, adquieren una posición protagonista sin ser periodistas ni analistas profesionales, una red que demuestra una enorme y muy ágil capacidad de movilización.

De la misma forma que los 'indignados' han atacado a los políticos trajeados, encapsulados en el coche oficial, endogámicos, que hablan su particular jerigonza, que se expresan de forma ortopédica, que tienen dificultades para escuchar y hablar con la gente, este movimiento ha acabado por romper también la jerarquía tradicional en la manera de contar lo que pasa y en establecimiento de aquello sobre lo que tiene que hablarse. Es una pena que a rebufo de este movimiento con ingredientes positivos, hayan aparecido manifestaciones violentas, escenas de acoso y otras actitudes que creo que repugnan en primer lugar a la mayoría de los 'indignados'.

No se puede plantear que una nueva forma de hacer política no profesional consista en rociar con un spray a políticos profesionales que han sido elegidos por los ciudadanos, como ha ocurrido en Barcelona.

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