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PEDRO TRAPIELLO
León

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El domingo 12 y en varios países a la vez salieron muchas mujeres a la calle. Iban cargadas de razones y con el grito del hartazgo. Protestaban por lo que sostuvo un policía canadiense en una conferencia que dio en la universidad de Toronto: Las mujeres deberían dejar de vestirse como putas para evitar violaciones . Lo dijo en un templo del saber universal. Y la armó parda (pardos, por cierto, eran por ley los picos de las faldas de las prostitutas del siglo XVIII que, además, debían llevar una esclavina roja para que se las distinguiera de lejos como a los semáforos; « irse de picos pardos » no es otra cosa que eso). Así las cosas, las mujeres canadienses decidieron organizar una contestación internacional bajo el irónico lema La marcha de las putas que se ha extendido especialmente por Latinoamérica o Europa y cunde hasta en Australia. Lo hacen para exigir un respeto a las víctimas de abusos sexuales que, por si fuera poco, son además culpabilizadas de ellos por su forma de vestir (también en España hay jueces que estiman la vestimenta ligera como «atenuante» en violaciones, agresiones o acosos).

Los argumentos rotulados que gritaba la tinta de estas marchas son incontestables: « Si ella dice no , significa no », « No es no... en la calle, en la cama y donde quiera que esté », « Me reservo el derecho a vestirme como me dé la gana », « Can't touch this body without consent » (no puedes tocar este cuerpo sin consentimiento), « Nuestros cuerpos no son propiedad pública ». Llamaba la atención por su ácida ironía un cartel que clamaba « Putita sí... pero no de tu templo »... valió de ser vestales.

No se atreven muchos hombres a decirlo, como algún juez, pero creen que si una mujer se descoca en su atuendo es sólo porque tiene un objetivo: mostrar el material, el género... y ofrecerse. Creen que la ropa no es inocente y que si una mujer se viste como una puta no es tanto para verse como para que la vean , es decir, que la ropa es el mensaje ... así que seguirán suponiendo que una falda «de picos» (o una minifalda) es un anuncio de neón que invita al asalto. En el fondo, les encanta el burka (en la propia, no en las demás) y proceden con malicia y baba si ven que la mujer del ciego se maquilla.

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