EL PAISANAJE
El fin de Botín
Conociendo a Rubalcaba desde hace un cuarto de siglo, se dice pronto, y tras el anuncio de que va a arreglar el país con una subida de impuestos a los ricos uno no puede menos que temblar sobre lo que pueda depararle el destino a don Emilio Botín, presidente del Banco Santander y paisano del candidato socialista Alfredo. Algunos analistas bursátiles opinan que puede tratarse de un ajuste de cuentas, nunca mejor dicho, que viene de antiguo entre dos broncos cántabros, aunque es dudoso que estudiaran ambos en el mismo instituto. Así que cuando quede en la mísera ruina, don Emilio, no dude usted en refugiarse en mi casa, que, por cierto, hasta hace poco era también la suya por lo de la hipoteca.
De la actual crisis económica no hay cosa más deprimente que ver a los ricos tirados por las esquinas, si bien las del Banco Santander sean las mejores. Quisiera uno darle posada también a Amancio Ortega, el paisano leonés de Zara, y a la duquesa Cayetana de Alba, pero no me caben todos en el zaguán especialmente desde que ésta última me mandó un tarjetón heráldico anunciando que vendría acompañada. Algún parado habrá que los acoja de las furias de Rubalcaba por solidaridad entre los cinco millones apuntados al Inem. Uno o dos platos más no se iban a notar.
Empieza, es un decir, la campaña electoral con más demagogia, populismo y chorradas como la reforma fiscal de Rubalcaba, químico de profesión, cuyas fórmulas semejan a las de su colega el doctor Bacterio, terror de Mortadelo y Filemón, al que, por lo demás, físicamente se le parece. Si eso es lo que nos espera del PSOE, apaga y vámonos, como cuando el ministro de Industria, señor Sebastián, nos regalaba para ahorrar energía bombillas de bajo consumo. Tengo que preguntarle al cartero qué fue de las mías.
Ya queda poco para mandar a la mierda, con perdón, a estos descerebrados el 20-N, aniversario de las muertes de Franco y de José Antonio Primo de Rivera, el de la Falange, y también el del leonés Buenaventura Durruti, mítico líder anarquista de la CNT-FAI que las palmó en el frente de Madrid no de una bala franquista, sino de un tiro por la espalda, fuego amigo. Le digo a usted, mi sargento, que a las escobas las carga el diablo. Y, conociendo a Rubalcaba, apuesto también un euro —no quiero arruinar a nadie— a que tiene reservada alguna sorpresa para la cita electoral en un día de tantas efemérides. Lo sabremos seguramente la víspera, cuando empiezen a funcionar los «esemeses» y «emilios» del 15-M, valientes capullos en los dos sentidos.
Tratan a los votantes como a tercermundistas imbéciles y no pocos picarán, como pasa en Venezuela, donde Hugo Chávez, mala bestia, compró años ha una partida de tractores a Irán para relanzar la economía agraria, sin que ni ésta ni los orugas llegaran a furrular. Ahora ha mercado diez mil automóviles de tecnología china, marca «Orinoco». O en Cuba, cuando Castro encargó un estudio de genética para parir vacas de pequeño tamaño que pudieran estabularse en la ruin bañera del bohío a fin de autoabastecer de leche a la población, como ya se hacía con la cría casera de cerdos. A todo esto los exiliados de Miami se descojonaban de risa: «Fidel ha inventado la cabra».
Vamos a ver, sólo hay dos formas de acabar con el déficit galopante del país: una, subir los impuestos, así que prepárese usted para el tabaco, el cubata, la gasofa, el Iva y el IRPF, eso está claro; y, dos, adelgazar de funcionarios y contratados a dedo las administraciones públicas que suman cinco millones de nóminas, tantas como parados, entre autonomías, ayuntamientos y empresas públicas improductivas, incluídas la Ciuden de Ponferrada y el Inteco de aquí mismo. Mientras no se barra todo eso no hay deficit que aguante a causa de diecisiete autonomías inventadas cuando la transición y a toda pastilla para contentar a los nacionalistas, que Martín Villa cerró con un «café para todos». Aquello degeneró hasta llegar al guirigay de ahora entre los de Regueras de Arriba y los de Abajo.
El funcionariado, siempre que no sea clientelar de tal o cual partido, es una clase asalariada imprescindible: policías, maestros, médicos, etcétera, pero a lo mejor no en la cantidad que hay ahora y la prueba es lo bien que funcionan la enseñanza y sanidad privadas. Lo que pasa es que ahí los sindicatos mandan un huevo y defienden privilegios que no soñaría ni Botín. Sobre esto habría mucho que hablar.
A ver si tienes lo que hay que tener, Rubalcaba, para ponerle ese cascabel al gato.