EL PAISANAJE
El bien pagao

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No sé yo de qué se quejan los sindicatos en el asunto de la prejubilación del exalcalde leonés Francisco Fernández al que Caja España ha indemnizado con 554.000 euros, puestos uno detrás de otro, más otros sesenta mil en cotizaciones a la Seguridad Social (léase en total cien millones de pesetas), un empleado ejemplar que empezó en la casa como quien dice de botones. Lo que deberían hacer es reivindicar despidos talmente ejemplares para cinco millones de parados con efectos retroactivos. Desconozco lo mismo por qué protesta el PP, dado que Fernández con esa pasta gansa en el bolsillo lo más probable es que se pase a sus filas, como nuevo rentista y burgués, diría Marx. En fin, la escandalera que se ha montado es para mear y no echar gota.
Se alegra uno de que el buldog chino mascota del exregidor, de nombre Sumo, tenga la vejez asegurada en estos tiempos de crisis cuando se abandonan tantos chuchos en la protectora de animales. Él va a ser de los pocos que coma caliente, igual que su dueño, aunque si yo fuera éste no le sacaría a mover el rabo cerca de una cola del Inem. Y lo mismo lo siento por Paco el de la correa, porque ha avisado ya Rubalcaba que, si gana, va a freir a impuestos a los ricos, categoría social zángana a la que ahora pertenece.
¿Por qué ha saltado estos días la pifia y no antes de consumarse? ¿Es que no lo sabía nadie? Se lo tengo que preguntar un día al baranda de la Caja, Evaristo del Canto Canto, que estudió conmigo de pequeño en los Maristas y ha regresado para poner orden en la entidad después de que le echaran también a él con sesenta millones de pesetinas en el año noventa y poco, así de memoria. Y, si ya de paso, me dice en cuánto está tasado ahora tras la fusión con Caja Duero y la malagueña Unicaja, otros que tal bailan, pues a lo mejor nos aclarábamos. El que parece que lo tiene claro es Miguel Alejo, delegado del Gobierno en la autonomía, según el cual lo mejor es que Paco «abandone la fiesta y el pasodoble». Aunque servidor diría que éste es un chotis bailado con inquina en un ladrillo desde que el segundo desplazó al primero como candidato a la alcaldía cuando el PSOE tenía posibilidades de pillarla después de que Alejo se hubiera quemado ocho años los morros en la oposición. El también exalcalde Amilibia, al que acusaban entonces de dilapidar los dineros municipales en gomina —¿Hay alguien que se acuerde?— debe de tener ahora el pelo tieso de tanta risa.
Oiga, las cajas de ahorros son una bicoca donde los partidos y los sindicatos mandan a pastar a su gente. Todos sin excepción, dado que a cambio de acudir un día al mes al consejo de administración se pueden embolsar seis mil eurines, quién sabe. Y esto último se dice porque procuran que no lo sepa nadie. El por qué le llamen de administración y, menos aún, consejo es algo que servidor deja para Sarkozy y la Merkel, vista la ruina fusionada por doquier. Oiga, Evaristo tampoco se enteró, lo mismo que la presidenta de la Diputación y vicepresidenta de la Caja, señora Carrasco, a la par que Fernández por aquello del equibrio de votos entre los partidos, ni el presidente de la Junta, don Juan Vicente Herrera, ni el gobernador del Banco de España, más pendiente de los bonos basura del Estado en Europa que de la mierda, con perdón, acumulada dentro de casa.
Muchos le piden al exalcalde que devuelva el dinero y no se presente como número dos del PSOE a estas elecciones. De lo primero nones y lo segundo ya lo ha hecho y se retira de la política entre lagrimones. Sobre lo de la devolución ya viene escrito por Santa Rita, patrona de los ayuntamientos, que lo que se da no se quita. En tocante a no ir de diputado hubiera sido otro sueldín sobre seis mil euros al mes, peseta arriba o abajo, entre sentarse en el escaño y desplazamientos desde el pueblo. Además, no tenía ni siquiera que abrir la boca como hizo Zapatero durante veintitantos años y llegó donde llegó. Es tonto por renunciar.
El PSOE leonés, ha quedado como el torero Cagancho en Almagro, o sea escurrido patas abajo, usted ya me entiende. Por lo demás, yo no creo que el ex alcalde sea un bandarra. Sólo se ha limitado a recoger lo suyo, aunque, eso sí, se le vio el trile. No iba a ser menos que otros estando en su derecho.
Los judíos, que en esto de la banca tienen fama internacional de ser finos, añadieron al Viejo Testamento en su Talmud, el único librillo que no reconocen árabes ni cristicanos, la sentencia de que «cuando un ladrón no puede robar más se hace honrado».
Eso explica la quiebra del país con esta clase política.