Muy personal
Cristina Valderas, de 31 años, vive en Rochester, una ciudad fría y húmeda, junto al lago Ontario, que el invierno pasado alcanzó los 20 grados bajo cero. La situación laboral de su novio —arquitecto técnico autónomo— ha sido clave para que éste le visitara en verano. Confía en que vuelva en marzo.
Vive su sueño americano de trabajar en Iberdrola y se considera afortunada por hacerlo, además, fuera de España, aunque echa de menos la comida —el jamón, la cecina y el cocido, en particular— y el barrio Húmedo: «Salir a tomar unos cortos con mis amigas por la noche y al mediodía con mis padres». Por su cercanía, ha visitado en varias ocasiones Washington, Chicago, las cataratas del Niágara y la zona vinícola de Nueva York conocida como los Finger Lakes . Prefiere los restaurantes chinos a los McDonald’s y el agua a la Coca Cola o la Pepsi. Celebró Haloween «como cualquier fiesta de carnaval en León»
Además de su novio, le han visitado sus padres, uno de sus hermanos y una prima. Ha acumulado días de vacaciones para regresar a casa en Navidad. La economista considera que no debe faltar en la maleta de un español que visita este país «un antifaz y unos buenos tapones. El tema de las persianas no está mi extendido aquí».