LEONESES POR EL MUNDO. ESTADOS UNIDOS | Empleada de Iberdrola USA
«No están tan avanzados»
Leonesa, del barrio de San Claudio, su sueño era terminar en Iberdrola y, por el momento, trabaja en un proyecto pionero de la eléctrica en Estados Unidos

La protagonista, con su novio, en un estadio de béisbol.
Licenciada en Ciencias Actuariales y Financieras por la Universidad Pontificia de Comillas (Icade) y en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Antonio Nebrija, esta joven leonesa, que había trabajado durante seis años en tres de las Big Four (las consultoras Price Waterhouse, Deloite, Ernst & Young y KPMG) se enroló en Iberdrola USA Management Corporation —constituida tras la compra de Energy East— en el 2010 para participar en el Internacional Graduate Program, iniciativa para la que el grupo ha elegido a «31 personas de diferentes nacionalidades que trabajan en los distintos países en los que está posicionada la compañía. Así, los trabajadores españoles trabajamos en Iberdrola USA y Scottish Power y los de nacionalidad estadounidense, ingleses, escoceses y de otros países lo hacen en España», explica.
En principio, el programa internacional, del que C.V. (la leonesa ha ejercido su derecho al olvido, por lo que ya no aparece su nombre completo) forma parte de la primera promoción, se mantendrá durante dos años. En principio, «si la persona quiere volver a su país de origen está previsto que lo haga como empleado del grupo, aunque también puede prorrogarse su estancia en el extranjero si así lo desea y las circunstancias lo permiten».
C.V. llegó a Rochester, en el Estado de Nueva York, en abril de este año, después de que se le otorgara el permiso de residencia, y trabaja como actuaria en planes de pensiones en el departamento de recursos humanos. «Mi meta era trabajar para el Grupo iberdrola» y saltó el chispazo en forma de contrato «con el añadido de una experiencia internacional como esta. Fue una oportunidad increíble».
Aunque «Estados Unidos me eligió a mí» —asevera en una frase que recuerda a los carteles del Tío Sam, apuntando al observador con su dedo sobre la frase « I want you for U.S. Army »— prefiere vivir en Rochester que en la Gran Manzana. «Al ser una ciudad mucho más pequeña, es más acogedora y más manejable», por lo que su adaptación al país no le ha traído complicaciones: «Simplemente se trata de cambiar el punto de vista. Los lugares que están cerca son las tiendas. En León llegarías en cinco o diez minutos andando, aquí son cinco o diez minutos en coche. Mientras los lugares alejados de León suponen tres o cinco horas de coche, aquí se considera lejos un punto distante el mismo tiempo pero de avión».
Además, se ha encontrado una situación económica favorable en Rochester, que no generaliza a todo el país, aunque cree que la crisis que afronta Europa ya es agua pasada al otro lado del charco: «La calidad de vida es mucho mayor, debido, principalmente, a que, en general, los sueldos medios son más altos, las casas, más baratas y el coste de la vida no es tan alto. Eso sí, la comida fresca y sana (frutas y verduras) es mucho más cara».
Pero no todo es oro en la brillante superpotencia mundial. No tan avanzada como había imaginado esta economista: «Sí, hay gente que tiene iPhone y la proporción de quienes lo usan puede ser mayor que en otros países, pero también tienen teléfonos de prepago normales y corrientes. Viven en casas enmoquetadas y con muebles y cocinas antiguas. La placa de inducción no existe y la campana extractora es el microondas. Lo más impactante para mí es que la mayoría no tiene lavadora en casa. El servicio de lavandería está en el sótano de los edificios, si no, debes llevar la colada a una lavandería».
Otro detalle del american way of life , al menos de Rochester, es la moqueta: «Las hay en todos los sitios, incluso en la cocina, hay alfombra. Yo la tengo hasta en el balcón y, por desgracia, algunos restaurantes también tienen moqueta».
A estos inconvenientes se suma su opinión la seguridad social —«estoy totalmente en contra de su sistema de protección social»— y los controles en la aduana con Canadá los considera excesivos.