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ANTONIO NÚÑEZ
León

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Anoche tuve una pesadilla en la que se me aparecía un tal Mariano con la cara de gafe que le caracteriza susurrándome a la oreja «¿Y si no salgo?». Me despertó un telefonazo, también sonámbulo, pero perentorio, de Ángela Merkell, «que se pongan los dos, el que salga y el que no salga». Hay días que no está el cuerpo para votar.

Y, ahora en serio, hoy se acaban ocho años de un presidente de chirigota que ha dejado el pais para el arrastre. Acuérdese usted y no lo olvide de cómo estaba la familia —la suya, no la de él— cuando llegó por primera vez a la Moncloa cual elefante en cacharrería: cinco millones de parados, un gasto y deuda pública a lo loco que no hay dios que los sostenga, el Estatut catalán y el déficit del resto de las autonomías a tope y la tira de nuevos funcionarios a dedo pastando por doquier, eso sin contar las pamplinas sobre iglualdad de género de las ministras Bibiana Aido y Leyre Pajín, que en todo caso no pasan de ser el chocolate de las loras, cágate lorito. O las bombillas gratis de Sebastián.

Llevamos dos legislaturas ruinosas, panfletarias, populistas y simplistas en España, donde, como es natural, los mercados internacionales de inversores nos toman a cachondeo: primero fue una retirada de Irak de película, estilo «Las cuatro plumas», luego la Alianza de Civilizaciones con el moro y, por último, la entrada a saco en Afganistán, Líbano y Libia con el escudo antimisiles gringo en Rota. Esto sólo lo mejoró la histórica foto de las familias Obama y Zapatero en la Casa Blanca con las hijas góticas tal que parecían paponas o del ku-kus-klan pasadas por el lavavajillas.

¿Cómo pudo llegarse a este encadenamiento de desastres? Oiga, pues porque la gente volvió a votarle hace cuatro años menos cuatro meses. ¿La gente está indefensa en manada ante la propaganda? Puede decirse que para muchos sí, aunque no es nuevo como bien decía despectivamente Musolini cuando ganó las elecciones en Italia mucho antes que Berlusconi y luego montó el fascio: «Cien mil moscas no pueden estar equivocadas cuando van a la misma mierda». La democracia es lo que tiene y se dice por las latinas, no por las anglosajonas, de donde todo se copió después. Eso de las Cortes medievales leonesistas de la UPL fue una primera defecación histórica, si bien no de las peores.

Lo que más joroba de lo que está pasando y, sobre todo, de lo que puede pasar es que unos vamos a tener que apretarnos el cinturón no vea usted cómo mientras otros se van de rositas por la jeta. Hay casos en las alturas muy conocidos y publicitados, como el de la exvicepresidenta del Gobierno doña María Teresa Fernández de la Vega que anda por ahí enquistada en no sé qué Consejo de Estado con su fondo de armario, o el de Bibiana, que ya cobra en la Onu, o el de la Pajín buscando un hueco en la Unesco, pobres niños, etcétera. Pero eso no es nada y hay que contabilizar también a los ciento y muchos parlamentarios que por el hecho de decir amén en el Congreso o en el Senado van a cobrar la pensión máxima cuando se jubilen, unos dos mil quinientos euros. Oiga, los del PP por votar «no» lo mismo. Y a eso no hay derecho, Mariano.

Dicen las encuestas que en las elecciones de hoy está todo el pescado vendido para Rajoy y que a Rubalcaba sólo le quedan las raspas. Podría ser, pero como en la pesadilla de un servidor cuando le telefoneó la Merkell, los dos van a poner cara de besugo. Y como platos cuando llamen los mercados de deuda pública. Hay que añadir que, salvo Aznar, ningún presidente español se ocupó nunca de economía, porque todos pensaban que el dinero público no era de nadie y por eso se lo apropiaba el partido de turno. Sería de agradecer que ahora no volviera a pasar lo mismo por el bien de nuestros nietos. La generación de los hijos ya está hipotecada.

Se anuncia el regreso de Zapatero a León después de ocho años —mentira porque desde chaval estuvo veinticinco de diputado en Madrid sin incubar un huevo aquí— para instalarse en un chalé, todavía solar, más allá de Eras de Renueva. Otro que ya está colocado de por vida después de asolar el pais. Estará en su derecho de tener una jubilación dorada, como su amigo el exalcalde Fernández, el del medio millón de euros por indemnización en la Caja. Y se encontrará por la calle con otros estómagos agradecidos que le argumentarán haber hecho mucho por León. Efectivamente las colas del Inem han pasado de veinte mil a cuarenta mil parados.

Por lo que a mi respecta, no quisiera encontrármelo a la hora de los vinos del Húmedo. Hay que tener estómago.

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