cornada de lobo | pedro trapiello
¿Inocentes?... ellos
No tiene hoy el día para bromas el españolito peatón ni tiene el coño pa ruidos ni aguanta un pelo en la carga... no está la cosa para cenas (dijo Rajoy)... inocentadas, las justas (replicó la calle, tan inocente ella).
Como cada año, echándole más fe que nunca, obligado a soñar ( jugador por necesidad, perdedor seguro ), el españolito peatón juega a la lotería para después cagarse en su puta suerte y envidiar con rencor cochino a los suertudos cuyas risas primitivas odia ver en el telediario cambiando furioso de canal. Lo admirable es que lo tiene archisabido: de la fábrica de los sueños se sale siempre por la puerta de las pesadillas, la pedrea nunca consuela y las pedradas de los nuevos gobiernos siempre se dan por seguras... o cantazos como campanadas para despedir el año según lo que acuerde el consejo de ministros de pasado mañana. ¿Y qué broma le haría hoy gracia al españolito?...
Hacerle pagar veinte euros cada vez que vaya a urgencias, verás qué risa.
Pintarle el desempleo de tobogán y decirle que esto es un parque.
Congelarle el sueldo... y la risa, que no le hará falta en los próximos seis años.
Ser cura con seiscientos euros al mes y que le diga el obispo que la paga extra se la dé a los de Cáritas.
Ser maestro interino y que le hagan uterino o intestinal en La Mancha, en Mondoñedo o en Murias de Paredes.
¡Inocente!... ¡inocentín!
Será broma, ¿no?......
No. Visto que esta vida y el mercado son un casino financiero en toda regla, el dueño del corral y la baraja dice que ahora se reparten así las cartas, lo corto y los recortes. Y que la risa irá por barrios (se temía, los del centro siempre libran de pagar el pato... a l’orange ).
Tiene, pues, toda razón y derecho el españolito en no estar hoy para bromas. De inocente ya no tiene un pelo: de la cresta se lo tomó el banco hipotecario, del bigote se lo arrancó la recesión y del culo se lo peló un real decreto de reforma laboral. Pelao y escocido, le acusan además de haber generado la crisis por comprar un piso y vivir por encima de sus posibilidades. Culpable. Hoy no es su fiesta.
¿Y quiénes son hoy los inocentes?... Ellos, los dueños del casino. ¿Acaso les ves en la cárcel o reparando su atraco?