Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

Creado:

Actualizado:

Recortan gastos en el cole... y la cale está entre ellos. En un centro de Alicante (uyyyy, qué frío más horrible es el alicantino) han acudido a clase con mantas llamando a la prensa, pero frío-frío no hacía tanto como para llevarse el cobertor de casa, de verdad, Maripaz, que te tiras horas de intemperie los viernes de botellón con tu minifalda de una cuarta y no te sienta mal tanta inclemencia, ni te llevarías allí jamás esa mantorra con la que ayer salías en teles y papeles poniendo cara de siberiana en algún Gulag escolar (creí reconocerte, ¿eras tú?). Protestábais por los recortes en la cale. En fin, te recuerdo que el agua no se congela entre 16 y 18 grados; eso es todo un calor fresco muy estimulante y no sábes cómo lo envidiamos aquí.

No exageres, pues... ponte leotardos... y aliviado el trance. Preocúpate mejor de que no te recorten profes, libros, ordenatas, laboratorios... eso sí es grave.

Me permitirás, Maripaz, que les diga a los lectores que eres nieta (si eres tú) de unos desalojados de Riaño que se fueron a Alicante en los 70, montaron un bar con la pasta del expolio y, diez años después, una tienda de electrodomésticos que les holgó la vida y, aunque apenas han vuelto al terruño más de cinco veces (¿fue en la última cuando te conocí?), han tenido que contarte muchas cosas de la vieja vida de aquellos pueblos, vida pobre que bulle en los malos recuerdos (y buenos) o en el alma pequeñina que bañaron una vez en la botillada de esa Casa de León que tenéis ahí junto a ese mar.

¿Te contaron que en las escuelas de esta montaña la nieve cubría hasta la ventana y no había más cale que una pequeña estufa donde ardía la leña que cada crío estaba obligado a llevar de casa? (en 1956, al fin, empezó a pagarla la junta vecinal). Aquellas ruines estufas poco podían contra un frío que bufaba por cien rendijas y brechas. Los guajes iban en pantalón corto y, restando algún sabañón, no hubo mayores heridos (o ateridos) en aquella guerra polar de chavalines engarabitados que se parapetaban en sus pupitres sin quitarse el tabardillo porque temían, además, que pudiera meterles en calor la vara maestra de don Julián, que era de acebo, muy nerviosa y restallaba en el lomo como tralla de arriero.

Cargando contenidos...