CORNADA DE LOBO
Sueños peligrosos
Cuando las cosas van, tenemos sueños. Cuando no van, pesadillas. Así fue desde Adán.
Nuestro dormir se inquieta en tiempos adversos, así que tenemos que poblar el día de sueños despiertos (la fantasía, como el miedo, es libre y «de ilusión también se vive», qué remedio). Muchos, además, rezan y rezan en secreto para que sus sueños se cumplan ya de una vez como aquel que imploraba «Señor, dame paciencia... ¡pero ya!». La Virgen de la Buena Potra es en estos casos la más devota y después, por supuesto, san Pancracio.
¿Confesarías tus sueños?...
Hablemos de soñar.
Me cuajé leyendo un cartelón de cartón de embalaje que llevaba en alto una manifestante de alguna protesta cívica en Nueva York en una foto periodística de la artista alemana Andrea Geyer. Sólo se ve el cartón con ingenua rotulación y la mano que lo levanta, la de una mujer de cierta edad (lo delata el anillo y la piel). En su tosca y deliciosa caligrafía se leía una advertencia inquietante: « In dreams begin responsabilities » (en los sueños comienzan las responsabilidades). Lo dice como diciéndonos «sé lo que digo». De otra forma nos lo dijeron aquí: «Hay que tener mucho cuidado con los sueños, porque al final siempre se cumplen». Pero esa cartela neoyorkina añade un concepto interesante, esa idea luterana y anglosajona de la responsabilidad personal en el delito, responsabilidad que aquí endosamos siempre al vecino, al empleado, al jefe o al gobierno.
¿Y qué sueños alimentamos ayer para que hayamos acabado en este ruinoso desengaño o en esta ruina engañosa y con el cántaro roto de tanto ir a la fuente de Bruselas que resultó ser un crío de bronce meando menos que un ángel?...
Fueron sueños de burbujas, pompas, globos, pelotas y pelotazos. El sueño de la riqueza nadó en la ambulancia. Y se nos puso cara de frontón o polideportivo para que nos rebotara en la jeta toda responsabilidad personal.
¿Culpables?...
Pues casi todos... unos más que otros, claro, no hay comparación, pero tan culpable es el que mata, como el que tira de la pata... y el mirón que no dice mu ni da tabaco esperando que le den morcilla, las caídas o un enchufe.