EL PAISANAJE
Sin pancarta

(Pulse con el ratón sobre la imagen)
Tengo que preguntarle al amigo Alfredo Adams, el camisero del cocodrilo, cuál va a ser este año la moda para las manifestaciones. Está claro que las va a haber a manta y hay que estar al día. Desde la llegada de Mariano a La Moncloa, y no han pasado ni tres meses, el PSOE saliente y los sindicatos ya le han convocado manifas estudiantiles, del profesorado, de médicos y de funcionarios de todas las escalas y cataduras por aquello de los recortes. Sólo faltan los antidisturbios por exceso de carga en el curro. Quienes han arruinado al país protestan ahora contra la que liaron antes hay que joderse, Alfredo (Rubalcaba, no el de Adam’s).
Es raro el día que al salir uno de casa no se topa con una manifestación de la izquierda airada —y tanto, como que con las elecciones se quedaron en la puta calle— así que deje usted el paraguas en el perchero, porque no va a llover, y compre una pancarta en lo chinos para pasar desapercibido. En caso contrario no podrá ni pasar de acera a acera porque está todo ocupado por gente desaforada o por la policía que le abre la marcha. Y olvídese del coche, porque si en el atasco les toca solidariamente el claxon lo mismo lo toman por una provocación y peligra el parabrisas. Lo mejor en estos casos es armarse de paciencia y dejar que transcurra la vida como hacen los jubilados, que antes mataban las horas muertas revisando obras municipales y ahora, como no las hay por lo del déficit, pasan revista a los manifestantes igual que los grises de Franco.
Comentaba el otro día un jubileta a la hora de la brisca que van siempre los mismos detrás de la pancarta. En efecto, pasa igual que en las rebajas de El Cortes Inglés cuando se repetía invariablemente en la tele y todos los años la misma paisana en cruzar primero la puerta encabezando la marabunta. Al final acabaron contratándola para no dar mala imagen. Respecto a los sindicalistas no se les puede dar trabajo porque están todos liberados y la única incógnita es saber a qué se dedican cuando no se manifiestan. Seguramente a sus labores. Cómo está el tráfico y mejor que se va a poner cuando llegue la Semana Santa y se manifiesten también los papones en protesta contra la crucifixión de Cristo, inocente y apolítico entre Pilatos y Judas, que lo vendió por treinta monedas en los mercados y luego tuvo que ser rescatado de un árbol como quien dice a la griega.
Hubo un tiempo, cuando la otra crisis socialista, en el que quien no tenía un dosier era un don nadie. Hoy le pasa lo mismo al que no se manifiesta por algo: la hipoteca en la que está entrampado treinta años y un día como aprendiz de especulador, el que le vendió el piso y luego le quebró la empresa por la avaricia de hacer más, el colegio de los nenes por la calefacción y en junio tres meses de vacaciones cuando ya ni puñetera falta que hace, el político que perdió la silla y acabó una fulgurante carrera en el paro, el funcionario o contratado a dedo al que se le acaba el chollo porque otro dedo quiere poner a otro en su lugar (repase el buzón de los vecinos de su bloque y verá que siempre aparece algún paniaguado) y así un largo etcétera. En cuanto a los seis millones de parados, muchos de cincuenta y tantos tacos, que creó Zapatero en siete años —él tiene cincuenta y dos tan ricamente— será muy difícil movilizarlos y no precisamente por zánganos sino porque son edades en las que ya no tenemos oportunidades de subir otra vez al andamio y menos ahora.
Se anuncian manifestaciones demagógicas para rato a cuenta de cualquier cosa y todo porque a Rajoy no le cuadran las cuentas. Chorradas, en fin. Solucionar, lo que se dice resolver, no van a arreglar nada, pero el ambiente se caldea como cuando en la otra Navidad todos creíamos que nos iba a tocar el gordo. Dice mi señora con la lengua viperina que la caracteriza que lo mejor para los socialistas, si quieren ganar otras elecciones, es ponerle una vela a Rubalcaba por si acaso se produce el milagro y dejarse de procesiones en manifestación. «No es por nada», me hizo observar ayer, «pero le pones una corona en la coronilla y hasta parece San Pancracio». Yo soy agnóstico.
En el Ayuntamiento de León también el déficit es criminal y se buscan soluciones imaginativas. Vaya desde aquí una gratis para el nuevo alcalde Emilio Gutiérrez: si la terraza del bar de mi esquina paga una tasa por ocupación de la vía pública y mi compadre el gitano otro tanto cada domingo que vende en el rastro camisas con el cocodrilo de Alfredo Adams más falsas que Judas, no creo que haya impedimento legal para cobrarle lo mismo a una manifa.
Te puedes forrar Emilio, macho.