Diario de León
Publicado por
GARCIA TRAPIELLO
León

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Tras la mirada maravillada a esa hecatombe de arcillas aguijadas y taludes quebrantados que forman Las Médulas, acaba inevitablemente asomando siempre el grosero espanto de otro monte que está enfrente y que también tajaron a lo bestia para devorarle las entrañas. Pero hay una diferencia entre las dos estampas: Las Médulas fueron minas a cielo abierto (o «a tripa perforada») que tallaron los romanos para que, después, el abandono de siglos, junto a una naturaleza de monte bravo, dibujasen un paisaje irreal e irrepetible, un inédito espectáculo, mientras que el monte de enfrente, el brutalmente mordido, ha venido siendo una cantera voraz que no ha remitido su actividad jamás, pese a ser un crimen a la vista contra el que todos han clamado, una insolencia reiteradamente denunciada y un asunto que acabó en los tribunales en una interminable peripecia que, al parecer, concluye ya con el decreto de cierre definitivo de esa explotación (la notable influencia que tuvo su dueño en corros políticos y económicos se lo permitió, pero declinó su estrella y pinchó en hueso).

Albricias, pues. Se acabó esa ofensa a la mirada y a la razón.

Ya, ¿y?... Parará la cantera, pero el hostión al paisaje y la pedrada en el ojo seguirán ahí, subiéndose a la chepa de cada foto panorámica, ensuciando la contemplación, chirriando...

¿Cómo reparar ahora su impacto visual?, ¿cómo volverá a parecer un monte ese tajazo vertical a la roca madre?, ¿cómo disimular la fechoría?, ¿cómo tapar la huella de ese Atila bárbaro y descomunal?...

No será fácil. Dirán además que ahora no hay dinero para esas fruslerías, que es gasto innecesario e improductivo. Pues qué bien, casi mejor; cuando hay que apretar el ingenio porque la plata está en menguante, las soluciones más baratas son a veces las más oportunas o atinadas.

Convóquese al efecto gente de ideas, que opinen los artistas, los ingenieros, los pastores que sepan tallar cuencos o cachas y algún poeta loco que imagine lunas en las noches ciegas... se trata, nada más y nada menos, de encontrar el modo de convertir esa mierda en algo bello... o menos espantoso.

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