Diario de León
Publicado por
pedro TRAPIELLO
León

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Mucho ritual le echan al té los ingleses, pero la liturgia y teatralidad del té saharaui lo supera, pues son tres tés a la vez, en vasito, no en tacita... en el suelo, no en mesita... junto a un fuego, no en salita.

En ambas culturas, la inglesa y la árabe, el té es una ceremonia social muy arraigada, pero en ninguna de ellas se cultivó o se cultiva el té, que sigue siendo un forraje propio de Asia y un negocio mundial mayor que el café. Los árabes conocen el té asiático desde el siglo IX, pero al Magreb y el Sahel no llegó hasta que lo introdujeron los británicos hace siglo y medio... y en tan poco tiempo, la costumbre parece de siglos. También se diría secular el de los ingleses, pero en Gran Bretaña no se popularizó esta infusión hasta el XVIII, anteayer (la costumbre del té de las cinco la inció un siglo después en Londres una aristócrata jatona como disculpa para atacar bocaditos, pastelitos o un sandwich a media tarde, que es a lo que van las inglesas, a lo ancho).

Los mongoles echan al té grasa de yak y les vale de combustible para ir arreando por aquellas inhóspitas parameras heladas... y el marroquí le echa menta silvestre metiéndole un feje de ramón de hierbabuena. Como todo en esta vida, va en costumbres la misma cosa.

Hay quien para comer sólo bebe aguachirles de té con hielo y la industria del refresco también ensaya variantes y sabores de té con colorines, así que es moda entre nenas fitness y cools.

Lo propio en España es tomar té en cafeterías y se sirve invariablemente en unas teteras de acero inoxidable cuya asa quema que jode y que al echar su contenido a la taza cae siempre en el platillo o en las rodillas y la etiqueta en el té... maldita conjura, ¿por qué en todos los bares de España son idénticas esas teteritas meonas?... es inquietante el fenómeno y es de estudiarlo, pues en ningún otro caso consiguen ponerse de acuerdo tantos españoles.

Hoy me quedo con el té moro y vecino. Cuando Salma nos preparó por primera vez su té saharaui con todo su rito nos impresionó el significado que le dan a esos tres tés seguidos: el primero ha de ser amargo como la vida; el segundo, dulce como el amor; y el tercero, suave como la muerte... tanta poesía junta no se olvida jamás.

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