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pedro TRAPIELLO
León

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No cabía comparación y junio era sin duda el mejor mes del año, el más grande, aunque solo fuera por dos de sus olímpicas razones: se iba el curso... y llegaban las cerezas...

... y el calor... y una piscina colmando lo que sería una fiesta cada día, si no fuera por la angustia de los exámenes finales que podían dejar en suspenso o en calabozo los planes de vacación.

Junio era un prometérselas.

Los sueños son para el verano.

En esta inquietud estudiantil de exámenes finales y selectividades veo estos días a rapazones y rapazonas (cada vez más gordos y gordas) que van al insti o al campus con risitas muy nerviosas o con caras de terror porque se les junta el ardor primaveral y la agonía de la incertidumbre, un cóctel perfecto para hacer el pardal o el primo.

Les veo que se cuidan bien de la ropa que llevan, lo mismo el que va de aparente informal o indolente, que la que se peripone y se remarca. La ropa es el mensaje , dice siempre Sócrates... y la que van de cerecita, ¿por qué será?...

Y si junio es un prometérselas, ¿qué se prometen hoy estos chavales?, ¿qué ven por delante?... pues otra selectividad... mala, interminable y agobiante, la selectividad natural de la ley de la selva que gobierna nuestra economía, la selectividad que devora a los más débiles, mancados o cachorros, igual que ocurre con los ñus o los bancos de sardinas.

Las crisis se inventaron para seleccionar especies y aumentar la dieta de cocodrilos y leones, así que el nivel de drama o de tragedia que apareja esta debacle del dinero bien lo conocen esos chavales en su familia o vecindad... y quizá su sueño de verano sea buscarse unos bolos de camareta o pincha o lo que sea por sacarse unas perras y suplir lo que quizá en casa se despropinó definitivamente... o pagarse la matrícula próxima que empieza a tener visos de atraco... o comprarse más ropa o zapatitos, porque «si no te anuncias, rapaza, ¿cómo coños te vas a vender?» (ahí está Sócrates otra vez).

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Pero si estos chavales fueran hoy al campo y lo entendieran, verían un junio realmente grandioso y al labriego con cara de hogaza viendo cómo le engordó el trigo. Y está todo tan florido, que ahí la crisis naufraga y se diluye.