Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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Jamás había leído la letra de La Internacional hasta anteayer, digo la letra original, el poema en francés que acabó convirtiéndose en himno de las rebeliones por la dignidad obrera y social: C’est la lutte finale: groupons-nous, el demain, L’Interntionale sera le genre humain ... En derechos de autor se rifó una fortunilla que llevó a pleitear entre los dos hermanos que decían haber compuesto la música hasta que uno de ellos confesó la impostura, qué cabrón... claro, que la cosa era bastante tentadora, pues los ingresos por este concepto debieron ser fabulosos desde que algunos países como Rusia o China lo adoptaron como himno nacional cascándolo a todas horas en las radios de Stalin o Mao, toma taquilla. Lo paradójico fue que después socialistas, comunistas o anarquistas reescribieran la letra a su bola cada cual mientras el autor se revolvía en la tumba.

Esto de sacar dinero bajo las piedras lo tiene bien aprendido Sócrates, que nació con las primeras piojeras, así que se ha puesto a escribir nuevas «internacionales» a ver si pican los de alguna rebelión y le retiran definitivamente de sus angustias de pensionista.

Me hizo copia y con él la leí:

Arriba, parias de hipoteca,

en pie, despedida legión,

vosotros sois sólo paganos,

cagüen la Intervencional.

Sócrates, eso no pega ni rima, dije, y contestó «los interventores tampoco riman, pero ahí los tienes viniendo a fisgar nuestras cuentas con palinodias de Berlín y de Bruselas, que tampoco riman... tú sigue leyendo».

Abracémonos todos

en la ruina final,

nos rugen las tripas

con la deuda fatal.

Sócrates, si no pones todos y todas , no te compran el himno ni hartos y hartas de grifa. La revolución es mujer.

Tú fíjate en el abracémonos , dijo. No hay nada más revolucionario que un abrazo en tiempos de fatalidad y egoísmos... vale, haré otro estribillo con el abracémonos todas ... y si ruge la crisis o la tormenta amenazando arruinar la hierba segada en el prado, suspenderé el rosario y diré, como el párroco de Truebanillo, «¡rápido, rápido!... los hombres, con las horcas... y las mujeres y yo, a-brazados bajo el puente».

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