Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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Un solo partido le ha bastado al camerunés Fabrice Olinga para ser el ídolo de la afición malagueña. Claro que metió un gol con una de sus espinillas y no tiene más que dieciséis años. Desde Mozart no se había dado un caso de precocidad semejante y su club, que es el mío desde que tenía doce y asistí a la inauguración de La Rosaleda, se ha apresurado en meterle en la lista de jugadores para la Champions.

Muchos partidos y muchos goles, casi todos con la cabeza, pero bastantes con ambos pies, no le han bastado a Llorente para que le perdonen que fiche por otro club. Sus admiradores de ayer estiman que abandonar San Mamés es un crimen en la catedral del fútbol y le llaman mercenario, pesetero —más exacto sería llamarle eurotero— y otras cosas peores cuya repetición no es estrictamente necesaria, ya que suponen unos juicios gratuitos sobre la conducta sexual de su señora madre.

El dinero que va a ganar en su nuevo club se considera obsceno por unos y deshonesto por otros. Lo raro es que al chico, que es nacido en la Comunidad de Navarra, nadie le haya reprochado que sea infiel, desde jovencito, a Osasuna.

Quizá ha llegado la hora de revisar la célebre alabanza del gran Albert Camus, que decía que había aprendido conducta jugando al fútbol de un equipo de Argelia. Hay que tener en cuenta que él jugaba de portero y tenía más tiempo para meditar que los centrocampistas, que continuamente están en acción. Los hinchas tampoco descansan. ¿Quién inventaría eso de llamar respetable público a todo el que paga una entrada?

La afición de Bilbao sigue siendo ejemplar y todos hemos sido bilbaínos cuando coleccionábamos cromos de niños, pero ahora está despechada. Cuando el amor cambia de signo, puede ser algo terrible. Habría que preguntarle a algunos insultadores qué hubieran hecho si tuviesen una oferta de ese calibre y alguien les prometiera ganar el doble o el triple en otra empresa.

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