CORNADA DE LOBO
Dame, Señor...
Tanto va el cántaro a los tribunales, que acaban vacías las catedrales, pensó Sócrates ante una foto de agencia que mostraba lo que es el vacío que da escalofrío... se trataba de una misa en una iglesia católica en el estado de Carolina del Norte, uno de esos templos muy americanos con imitaciones góticas baratas y bancos feligreses con libros de cánticos y salmos, todo allí tan parecido a las iglesias protestantes vecinas... en las dos hileras de bancos de esa iglesia caben unas trescientas personas, pero a esa misa sólo asistían tres fieles, tres, ni uno más... ante tanto banco despoblado imagino el trago del oficiante al salir de la sacristía y no ver allí al rebaño del Señor, el rebaño de antaño, sino solamente tres ovejas que, además, quizá no se hayan quedado en el redil tanto por fe como por cojas... Sócrates dice que seguramente se explica este vacío por el castigo judicial e informativo que en Estados Unidos vienen proporcionando los escándalos de paidofilia que infectaron hasta las alturas episcolapes de aquella iglesia católica... y allí las televisiones (en las que mandan las iglesias protestantes) entran a degüello con el asuntito... y eso espanta a mucha parroquia.
Sin embargo, lo que admira de esa foto es que los tres únicos feligreses de la misa no están agrupados y cercanos al altar, no, cada cual está en su nube, dos en los bancos medios, uno al fondo y nadie adelante, como poniendo distancia... paradoja: ¿es que no son «hermanos» en la fe?... ¿y no es aquello un banquete?... si fueran juntos a comer a un restaurante, ¿jugarían también a las cuatro esquinas?... la estampa es habitual también en estos templos nuestros donde la gente va entrando en su goteo, otea las bancadas y no se arriman, al contrario... ni se le ocurre acercarse a los bancos de adelante por ponerle interés al celebrante... no, se dispersa por instinto aunque sea la espaciosa nave central de una catedral... ¿por?... porque (aquí pidió voz don Sócrates) la gente no va a las iglesias o a los templos taoístas a encontrarse con hermanos, sino a preguntar «Señor, ¿qué hay de lo mío?»... para demostrarlo, prometió contarnos mañana una historia que dice que él vio ante el milagroso Cristo de los Valderas.