CORNADA DE LOBO
Empalma, duque
Tráeme un tonto con asas y te le haré un buen cántaro.
Tráeme un listo sin ellas y verás lo que es una tubería de buen diámetro... y así, empalmando tubería a a tubería, tacita a tacita, fue llenando su pilón un yernísimo Urdangarín convertido en pilonero... y como tal echa su rúbrica polvera: «aquí, el duque em-Palma-do »... listín el tío.
Qué lío.
¿Cómo se le ocurrió a ese duque tan estiradito firmar así, duque em-Palma-do ?... ¿trempa el tío todo el día?... ¿qué quería decirle al que le envió el mensaje: «tráeme pacá otros tubos» o «es que no puedo interrumpir este orgasmo financiero, tú, que vaya mango tengo?... ¿o quizá insinuaba que su condición de alteza consorte es ciertamente la de «empalmado real», la repanocha, y que picha tiesa no cree en Dios, ni en Patria, ni Rey... ni en las broncas sulfuradas del cuñado Felipe?...
Además de procesarle por empalmador de tuberías Nóos y experto en fontanería fiscal, a este tipo ( Hurta ngarín le llaman las redes y Durru) habría que juzgarle por «perfecto idiota», aunque como atenuante seguramente alegarán su abogado y el psicólogo de turno que cuando se juntan la mediocridad y la prepotencia (o el moro y el oro), sale siempre un cretino impecable... y con más alegrías cascabeleras que un tiovivo de ferias.
Dice Sócrates que es mejor tomarse a risa esta ladronada indecente, porque puestos en serio, todo este país acabará cantando a coro (y con hoces o algaradas) aquello de «hay que echar se España las infantas... por el mal uso que hacen de las plantas», pues al parecer anda doña Cristina también regando petunias en los jardines del «recibí» o del «páguese»... con-firmando.
Total, que teniendo un duque empalmao y un rey algo pasmao, sólo queda soñar con príncipes valientes. Pero ya nadie cree en hadas, salvo si tiene una tía presidenta de algo... ahora estamos en tiempo de ogros y la valentía de los príncipes no va más allá de hacerse un slalom en la estación invernal de Saint Moritz o pilotar un catamarán en una regata mallorquina... en fin, señor duque, este escocido pueblo solamente le desea que siga usted empalmando... una tras otra las condenas que ganó.