EL PAISANAJE
A correr
Hasta hace poco tener un hijo o un nieto currando de ingeniero desde los Estados Unidos a la Patagonia o más allá era como tener la Nasa en la familia y molaba en las cafeterías del centro, donde los ricachones invitaban a un vino si les dejabas colocarte, a cambio, el rollo de la foto delante de la estatua de la Libertad o de los esquíes junto a un muro de presa del cabo de Hornos. No era para tanto, según Severo Ochoa, el premio Nobel que arrancó otra vez para acá en cuanto pudo, si bien ya muy mayor. Lástima que en el bar Cantábrico no tuviera parientes porque merecería un mural de pared, aunque fuera asturiano.
Hoy el mundo está regado de universitarios españoles que tienen el mismo severo problema, o sea apañárselas en lo suyo. Son entrevistados en las televisiones y periódicos locales y, cuando contestan, las respuestas son invariablemente dos: primera, «he llegado hasta estos andurriales buscándome la vida, no te jode» y, segunda, «echo de menos la morcilla». Se trata de chavales que se integran rápido en las culturas más exóticas, empezando por las nativas del país anfitrión, algo por lo demás nada nuevo desde Hernán Cortés.
De toda la vida hemos sido tierra de emigrantes por lo de siempre, primero a la capital de España o el País Vasco y luego donde se terciara. Mi abuela Catalina, por ejemplo, que era medio maragata solía recriminarme conmiserativamente en La Bañeza, donde nací, con un «chico, sólo os quedáis aquí los que no os prueba Madrid». En la vecina Galicia pasaba algo parecido, según cuenta Wenceslao Fernández-Flórez aunque él le echaba la culpa al minifundio. Se moría el abuelo, dejaba un prado y la vaca para pastar tenía que poner una pata en la parcela de cada heredero, pongamos que fueran cuatro. Tres cogían el vapor a Argentina, los asturianos a México y los vascos a Chile o los más burros a Nebraska de pastores ovejeros, lo único que sabían hacer. Desde allí algunos han acabado ahora mandando remesas de nostálgicos dólares al PNV como los irlandeses al IRA. Coño, que se vayan todos para allá, el primero Urkullu.
Repase usted la lista de familiares y amigos con hijos o nietos que ejercen la carrera en la Chimbamba. Todos han sacado buenas notas y el pasaporte. Sólo vegetan aquí los que hacen oposiciones a funcionario, ahora suposiciones, conformando una moderna fauna «nini» que ni estudia ni trabaja. Les hemos dejado un país arrasado o, mejor dicho, se lo legó Zapatero el que se ha ido de rositas y por ahí sigue sin mover una ceja. Cada vez que me recomiendan dejarlo en paz y meterme con Rajoy en estos articulillos también yo respondo sin pestañear que el que dejó una generación para el arrastre fue el primero y eso dura veinte años.
Era una buena y sabia costumbre pirata tirar a los capitanes por la borda para pasto de tiburones, si el abordaje no había ido bien, o en su defecto dejarlos al pairo en una chalupa y que se les arreglaran como pudieran. Después de cavilar mucho sobre esta cuestión servidor es partidario de abandonar en alta mar a toda la clase política, de Urdangarín para abajo, aunque nos iban a faltar barcos. Y es dudoso que hubiera supervivientes. Esperanza Aguirre dijo el otro día que nadie debería llegar a un cargo público sin haber trabajado y cotizado antes en la empresa privada para saber lo que es bueno. Coño con la bucanera, porque ni Zapatero ni Rajoy ni Rubalcaba han dado un palo al agua en su vida y Esperanza no sé. Sería cruel ponerlos a remar ahora. A ninguno, menos al Rey, lo contrataría nadie sin saber hacer nada. Por cierto que, haciendo memoria, lo mismo les pasaba a Adolfo Suárez, Felipe González y Aznar. El único expresidente que antes había trabajado en lo privado, o sea trabajar en serio, fue Calvo Sotelo, al cual le denegaron la excedencia en la empresa cuando dejó el cargo. Hay que ver cómo está el mercado laboral y lo que te rondaré morena.
En todo caso mandándolos a la emigración, en vez de a nuestros jóvenes, no iba a contratarlos nadie allende las fronteras porque carecen de oficio y de beneficio. Son filibusteros de la cosa pública que no saben hacer nada ni nada más y así nos va. Usted conocerá a alguno en su autonomía y le apuesto un euro a que todos han vivido como políticos o funcionarios a la espera de ascender. Oiga, si me presenta a uno que no, invito a toda la barra. Manuel Pizarro, el de Endesa, que ya era rico antes y dejó el escaño aburrido de tanta monserga, no vale, lo mismo que los alcaldines de pueblo hasta llegar a diputado provincial.
Mozo de carrera, carretera y manta.