Diario de León

Publicado por
ANTONIO NÚÑEZ
León

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Así se dice en gallego lo que me pasaba a mí de pequeño cuando me acongojaban los chavales más chuletas del barrio hasta que una vez me lo reprochó mi abuela con un «hijo, a tí lo que te pasa es que no te cabe un piñón por el culo». O la fina varilla de un cohete de feria que en Galicia llaman bombas de palenque y al que las enciende fogueteiro. Desde aquella conseja familiar he ido por la vida plantando cara y no lo otro con suerte taurina alterna, dicho sea de paso, y también aprendí a apreciar la chulería de Aznar y la del exalcalde Morano, cada uno en su estilo —¿Pasa algo?— ambos ya en el banquillo del PP.

Bueno, el primero no tanto porque el otro día en una entrevista de la tele que ha dado mucho que hablar hizo de fogueteiro para su partido. Sobre ésto mi abuela sostenía también que a lo del piñón algunos reaccionan con bravura y los que se acojonan nada. Estos últimos, a su vez, se dividen en dos, a saber, los que van a mear y no echan gota y aquellos que no paran de cagar blando. Le da a uno en la nariz que en la sede de los populares de la madrileña calle Génova falta el papel higiénico, como en Venezuela. Le da a uno en la nariz que en la madrileña calle Génova hay cola en los mingitorios. Pero dejémonos de filosofías escatológicas.

La cuestión es que reapareció Aznar en la tele y le recordó a Rajoy que se le había votado por mayoría absoluta justo para hacer lo contrario que su Gobierno, es decir bajarle los impuestos a las clases medias supervivientes de Zapatero, mandar al paro a un montón de paniaguados que heredó en las autonomías, si bien muchos son suyos, y pararles los pies a los nacionalistas catalanes y vascos en vez de socorrerles con miles de millones, cual pieles de plátano, hasta ver si resbalan y se rompen la crisma. Por ese camino lo más probable es que no haya bananas para los cuatro monos que quedamos en el resto del país. Tarzán hubiera defendido mejor a Chita.

Los complejos de Rajoy a la hora de aplicar un programa electoral que le dio la mayoría absoluta recuerdan a los de la UCD en la transición y acabó como acabó, o sea deglutida por los socialistas de Felipe González y Alfonso Guerra. Hombre, ahora no iba a pasar lo mismo, porque también Zapatero dejó al PSOE para el arrastre y bastante tiene Rubalcaba con que no se lo coman a él, según las encuestas, los dinosaurios comunistas de IU y Cayo Lara, que estaban en extinción. Pero si para las próximas Mariano no cosecha una mayoría tan holgada como la que tiene España estará abocada a un gobierno infumable y variopinto de izquierdistas y nacionalistas de cualquier calaña, a los cuales les da todo igual con tal de tocar poder. No quedaría otra solución que la de Alfredo Landa, buen navarrico, y muchos chavales de ahora: «Vente a Alemania, Pepe».

Ha dicho otra cosa Aznar como quien no quiere la cosa y es que no descarta volver a la política si se lo pide el país, el partido y su conciencia porque siempre estará disponible, etcétera. Para mí que se lo pide el cuerpo. En este punto los váteres del PP han debido de quedar atascados de acuerdo con las teorías de mi abuela Catalina, viuda de guerra de un tabernero liberal, que siempre pedía listas abiertas y se murió sin verlas, probablemente lo mismo que me pasará a mí. El último que tire de la cadena.

Hombre, si regresara Aznar sería recibido por no pocos con alborozo, más que nada por lo bien que se le entiende. En la tasca de mi esquina nos recuerda a muchos del PP que renegaron de él y ascendieron luego en el partido a base de decir amén al nuevo jefe. Espera uno con malevolencia que se enfrenten con lo que les cuelga por abajo y por arriba a los nuevos y pusilánimes dirigentes del partido. Lo que cuelga es lo que hay entre las piernas, Mariano, y lo otro, Soraya, es lo que puso la marquesa encima de la mesa. Coño, qué feliz estriptis político. Por cierto, Aznar debería quitar a su mujer Ana Botella, que siempre está medio llena o medio vacía y no hace más que estorbar.

Volviendo a la tasca, el chiste de los tránsfugas de Aznar a Rajoy, que ahora tienen orden de mantener la boca cerrada, es como el recién reconvertido a sociata en los ochenta que arengaba puño en alto con el primer cubata a un retrato de Franco con un «me has jodido la infancia y la juventud» y tal y cual, mientras el tabernero ni se inmutaba. Al segundo cubalibre las recriminaciones pasaron a ser serios insultos. como cabrito, hijo de tal y demás. Al tercero, cuando creyó que se movía Franco, y era él, levantó el brazo.

Y cantó el Cara el Sol.

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