A LA ÚLTIMA
La regeneración perdida
Mientras China llega a la Luna, nosotros nos conformamos con llegar a fin de año y ver si se ha mejorado Su Majestad el Rey de las últimas seis o siete operaciones quirúrgicas. Así sea. Su misión unitiva sigue siendo necesaria y el balance de su conducta continúa siendo superior al de los que desean romper lo que hay sin identificar lo que va a llegar.
El porvernir es siempre de los jóvenes y ahora no tienen futuro. Se siguen yendo con la música a otra parte porque aquí ni suena ni hay quien la oiga. Sería exagerado pedirle que en el mensaje de fin de año exhibiera un pañuelo negro sobre la amenazada bandera cuyo mástil intenta sostener Rajoy, no sin la ayuda de Rubalcaba. El pesimismo en determinadas épocas históricas fue considerado por los teólogos más convencidos y menos perspicaces como pecado.
En vista de eso, el Gobierno prohibirá a los bancos condonar la deuda a los partidos políticos. Hay que acabar con los gandules que basan su bienestar presente en el que nos prometen para luego. Las medidas de regeneración bursátil también van a suprimir las donaciones a personas jurídicas. Hay demasiados pródigos interesados que, si dan algo, es para después recogerlo todo. ¿Cómo son tan dadivosos? Ahora que nadie tiene un euro suelto, a ellos hay que limitarles su prodigalidad. Están dispuestos a frenar la reconocida bondad de las entidades bancarias y a contener sus irrefrenables deseos de favorecernos a todos. Como muy oportunamente ha dicho Cándido Méndez, defendiendo a UGT, no se puede poner en tela de juicio a toda una generación. Sus orígenes eran muy nobles hasta que les preocupó más la tela que la juiciosa manera de administrarla. El intento de regeneración no debe consentir que se pierda un jodido euro ni en Bankia ni en Pescanova, porque ya nadie cree en los milagros de los panes y de los peces. Sólo creemos en el milagro de la Justicia, que según el fiscal Anticorrupción, dice que no hay pruebas para imputar a la infanta Cristina.