Diario de León
Publicado por
ANTONIO NÚÑEZ
León

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A hora que no tengo prisa para nada llega el Ave a León. Me paso las horas contando los calendarios que aún me quedan para jubilarme, como Zapatero las nubes, pero con menos pensión y eso que le saco seis años, él no ha trabajado nunca y yo treinta y tantos. De modo que procuro mirar las cosas con buen humor por recomendación de mi médico de cabecera.

Y argumentos para ello los tengo a manta. El Ave con retraso —¿Me puede decir la hora, señor revisor?— es de vía única, llega a una estación piadósamente bautizada como de fondo de saco, culo de saco es lo correcto traducido del francés, sólo falta que se le pinchen las ruedas y a lo peor no tiene ni marcha atrás. «Tú lo que eres es gafe y no un cachondo», me dijo ayer mi mujer con un retintín que dejaba pocas dudas sobre la próstata. Luego repasé con ella lo de los túneles inacabados de Pajares, como lo mío, y al principio estuvo de acuerdo. Alli se ha enterrado un espiche de dinero público a la asturiana, que es como decir por lo bestia, desde los tiempos de Álvarez Cascos, ingeniero de caminos, canales y puertos. «Y de salmonas», volvio a subrayarme ella con recochineo, digo yo que por prescripción facultatica como la mía.

En fin, aquí sigue uno añorando los trenillos antiguos también de vía única. Aquellos mixtos de pasajeros y mercancías que tardaban dos horas en devolverte de Astorga a La Bañeza, que es mi pueblo, y paraban en todos los apeaderos, por supuesto con cantina. Y los expresos tampoco eran mancos, porque se tiraban doce hasta Madrid. Le llamaban pomposamente a aquella línea ferroviaria Ruta de la Plata, por lo de las Médulas, que en realidad era de la carbonilla por las toneladas de carbón a medio quemar que caían de las máquinas de vapor y luego rebuscaban las abuelas para aprovechar en la cocina bilbaina de toda la vida.

Mi señora madre, que en realidad era muy suya, me subió unas cuantas veces de niño con dos órdenes perentorias: «Dile al revisor que no pagas billete porque tienes menos de seis años y de la gallina nada». El pobre bicho, que viajaba igual de gratis y prohibido como yo, en una cesta de mimbre, ni cacareaba al paso de la autoridad ferroviaria. Luego compartíamos tortilla y filetes empanados, un lujo, con el resto de los machadianos viajeros de departamento, la gallina no, platicando largas horas hasta los madriles. Aquel ferrocarril sí que vertebraba España y no la mariconada del Ave , donde te sientas al lado de uno que lee El País o La Vanguardia y ni les hablas. Total para un rato no merece la pena.

Así que la Mikado de Durruti me cae posmoderma. Seguramente pensaría lo mismo de la alta velocidad aquel alto comisionado americano al que el ministro de la época, Pepiño Blanco, paseó orgulloso por los innúmeros tendidos del Ave en obras para que los trasplantara al far-west de «El maquinista de la General». Aquel sí es un territorio ancho y largo, por cierto que para estrella solitaria la patriótica de Tejas y no la del Ampurdán, pero luego resultó que nones. «Es que nosotros», le dijo el gringo a Pepiño poniendo cara de palo a lo Buster Keaton, «no somos ricos ¿Sabe mister?». Luego se fue con billete de la West-Fargo, la preferida por los inmigrantes para mandarle todavía hoy la pasta a la familia. Y otro por cierto más, Pepiño, ¿el accidente funerario del Alvia en Compostela fue debido a la urgencia de inaugurar antes de las elecciones que no te valieron para nada?. Una chapuza más o menos como la de León. El PP no ha cacareado nada, como la gallina de mi madre, así que deduzco yo de mayor que los pringados son más de uno. O inauguraban todos gratis o con comisión. Bueno, si el revisor es Mariano Rajoy no van a pagar billete.

Se podría escribir de aves y aeropuerto un ameno manual sobre despilfarros de dinero público. Aquí hay, por ejemplo, un aeropuerto de altos vuelos que no despega y una alta velocidad coja de vías, ambos con el billetaje supersubvencionado. Oiga, o lo uno o lo otro. Personalmente envidio que en León no haya furrulado una empresa como Autobuses de Luarca SA (Alsa para entendernos), ahora en manos de una multinacional inglesa por una fusión. O al revés, porque buena es la tribu del patriarca José Cosmen Adelaida para subir las cuestinas de Escocia como accionista de referencia.

En fin, visto que rejuvenezco, me pido la gorra, el silbato, el banderín y la campana de jefe de estación.

Ojo al tren, paso sin guarda.

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