Carta sin sello
Estimado don Jesús:
Lo primero, felicitarle por su nombramiento como obispo auxiliar de Santiago de Compostela. Lo suyo no ha sido exactamente un ascenso. Fue portero de la Cultural y después su capellán, sabe que en cuestión de almas no hay partidos más importantes que otros, todos estamos en la misma liga. No cambia de equipo, sino de posición de juego. ¿Hay campo de fútbol más grande y difícil que el corazón humano? Además, el mal nunca es contrincante fácil, entrena sin descanso y cuenta con mucho presupuesto para fichajes.
Mañana, en el partido Compostela-Cultural que gane el mejor. Dios y ellos saben quién es. También, claro, han de saberlo las porterías, ¿podría recordárselo? Algunas son duras de oído. Por cierto, un amigo agnóstico me ha planteado un dilema teológico futbolístico, no sin retintín: «Si en un derbi los dos equipos le piden a Dios ganar, ¿este echa al aire una moneda?». Le contesté que Él es de los nuestros, pero deja el gol al libre albedrío. ¿Cometí herejía?
Monseñor, rece por León también cuando el partido haya acabado, pues la liga de la vida, esa en la que jugamos todos, continúa el lunes. Gracias.
Alea jacta est