Carta sin sello
Estimado rey León:
Me pregunta si conozco a leonas de buen ver. Pues no. Ya me gustaría organizarle una cita a ciegas, pero en mi casa ni siquiera aceptan pulpo como animal de compañía. Majestad, comprendo su congoja. No es bueno que un león esté solo. Usted no es de piedra, como esos parientes suyos del puente sobre el Bernesga. Se le esculpió con un rugido muy fiero, intimida preguntarle si estudia a o trabaja. ¿Ha probado a sonreír? Aunque de nada le valdrá si cada vez que aparece una hembra se la espantan al grito de «¡León solo!». Tampoco don Guzmán ayuda con su «Si no te gusta León, ahí tienes la estación». El amor no se puede imponer por decreta.
Me dice que ha intentado ya todas las modalidades de la caza, entonces, no le queda otra que el método humano: dejarse cazar. ¡La jungla del asfalto! Eso sí, mucho cuidado con el paso cebra del bar Cantábrico, su socavón muerde. Aunque lo mismo se cae y conoce allí dentro a la leona que le vaya a la carnicería mientras usted se dedica a que las cosas del palacio vayan despacio. Ánimo. Aguante hasta primavera, estación del desmelene. ¿Ha probado el crucero para singles?
Hakuna Matata