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León

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Liturgia dominical

JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES

Subir a Jerusalén, en dirección a la cruz, deja sin aliento a los discípulos. Estos ven a Jesús como Mesías, pero les es muy duro seguir su camino: se hunden ante la perspectiva del Calvario. Bien está ser «Enviado por el Padre», pero esto debía garantizar un viaje triunfal. No va a ser así. En este contexto de miedo e incertidumbre, Jesús introduce una «pausa luminosa», que les ayude a superar el escándalo de la cruz. Tres de los apóstoles gustarán de un anticipo de la resurrección, un resplandor deslumbrador de la luz futura, el atisbo de un «más allá» de la prueba inminente.

La Palabra de este domingo es una llamada a creer y una invitación a revisar nuestra fe. Creer es siempre hacer camino, apoyándose en la Palabra y la Fuerza de Dios. Tener fe no es como tener un objeto (un piso, un coche...). Es vivirla, es vivir de ella. La fe no santifica el conformismo y la pasividad, sino que nos mueve a buscar y a construir un mundo más justo y fraterno, que aniquile injusticia, sufrimientos, desigualdades y mentiras. La fe nos lanza a buscar a Dios y a tachar de la vida todos los ídolos que en el camino pretenden ser nuestros verdaderos salvadores: el bienestar, el consumismo, la inhibición ante las exigencias evangélicas, la rutina en las prácticas religiosas... Abrahán se puso en camino. ¿Haremos nuestra su aventura de fe? ¿Asumiremos la exigente tarea del Evangelio? ¿Querremos, de verdad, ser creyentes? Esta es la llamada que Dios nos hace en este día.

Creer es admitir en la mente, en el corazón y en la vida de cada día que Cristo es el camino, la verdad, la vida, modelo y salvación, a quien debemos escuchar. Y escucharlo significa seguirlo. Captar en la fe el misterio de Jesús, creer en él, supone hacer su mismo camino. Pedro se encontraba a gusto arriba en el monte, pero Jesús le muestra que, paradójicamente, hay que bajar y que su camino acabará en la cumbre de otro monte muy distinto. Pasa por la cruz. La fe no nos lleva a aislarnos recluidos en una nube, sino que nos lanza al mundo para sembrar en él los valores del Reino, que Jesús anunció y vivió.

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En este nuestro camino hacia la celebración de la Pascua, renovemos hoy nuestra decisión y nuestro compromiso de creer de verdad. Que sepamos, como Abrahán, emprender el camino con firmeza. Y que la figura de Jesús, transfigurado y crucificado, sea siempre el norte de nuestra ruta.