Diario de León
Publicado por
ANTONIO NÚÑEZ
León

Creado:

Actualizado:

H ay gente que para relacionarse con la peña busca cualquier coartada. Algunos el vermú dominguero de después de misa (pocos) o un partido de fútbol televisado (los más). Al lado de mi casa, en Villacedré, donde somos cuatro y el cabo mal contados, un bar que luce por desmesurado nombre El Dorado ha tenido que poner dos televisiones, una para los del Madrid (franquistas) y otra para los del Bar-ça (todo a la izquierda). Está de bote en bote los días de partido y ha conseguido unir a las dos Españas como el difunto Adolfo Suárez. Presume de restaurante de un tenedor aunque yo opino que con un palillo le sobraba, menos los días que pone de tapa ancas de rana.

Otros vecinos prefieren pegar la hebra en el consultorio médico, calefacción en invierno y aire fresco en verano, para platicar sobre próstatas y otras guarradas. Salen tan caros en recetas que más valdría pagarles una ronda en la taberna tecnopop que atiende Santiago en la casa de cultura, aneja a la consulta, y todo dentro de la casa de cultura. Cuando Fraga se les llamaba teleclubs. Al parecer también hay libros, pero yo no he visto que nadie los lea.

Existe, por último, una cuarta categoría de paisanos adictos a las manifestaciones. En el pueblo no, gracias a Dios, pero en la capital son la tira. Tienen siempre en casa la pancarta tiesa y se apuntan a un bombardeo por poco que alguien les convoque con el democrático lema de «mátalos, me cago en sos». Serán unos doscientos o trescientos, diría yo, pero están bien organizados nada menos que en treinta y tantas siglas bien activadas. Colectivos, se autodicen ellos aunque toquen a pocos. Viene esto a cuento de que acaba de constituirse en León una «plataforma contra los recortes del tren» integrada por los de siempre: sindicatos, sociatas descabalgados, comunistas eternamente en la oposión, feministas y todas las asociaciones de vecinos que tienen parasitadas. Hasta se les ha unido la cofradía semanasantera del Santo Cristo del Perdón, que, si no es la de los ferroviarios del Crucero, no me lo explico. Piden la hostia de dinero para el AVE y, ya puestos, para el trenillo de vía estrecha de Matallana.

El retrato robot de un pancartero, aparte de repetirse cada día en las fotos del periódico, es sobre poco más o menos la siguiente: tipos y tipas según los y las cuales el presupuesto del Estado crece silvestre en los árboles y el primero en llegar que lo apañe y funcionario el último (ponga usted maricón, que es lo propio, si bien palabro políticamente incorrecto). Se llaman a sí mismos activistas, siendo fácil desactivarlos. Bastaría con darles una hucha de Cruz Roja a ver cuanto sacaban para la causa. Pues eso.

Para calentar el ambiente, por otro nombre agitpro o agitación y propaganda la susodicha plataforma ha convocado ya una manifestación el día 6 de abril desde la estación de Feve a la de Renfe, el caso es joder el tráfico. También exigen soterramientos ferrocarrileros multimillonarios en euros, no digamos ya en las viejas pesetinas, el mantenimiento de la renqueante plantilla de las vías y patatín y patatán, etcétera. Le pregunté ayer a un revisor amigo si le había picado el billete a alguno de los de la plataforma y se me echó a llorar en el hombro. Patético.

Oiga y no se me ría. ¿Cuántas veces aparcó el buga y se subió al tren en el último año? Pues otra vez eso. Y ya casi se me olvidaba. La última condición del pancartero guay es ser antipepé. Eso se lleva en la sangre y como es natural a los demás nos ven como unos antisistema. De los chollos suyos, supongo.

A mí las manifas que me gustan, por ejemplo, son las que desfilaron días atrás hacia el catafalco de Adolfo Suárez por el que dicen que pasaron más de treinta mil españoles despancartados, en fila india y haciendo colas de hasta tres kilómetros. Esas son las que enrollan sin necesidad de que ningún bobalán de neuronas planas les convocara, ay el alzhéimer. Nunca escribí bien de él, pero pelillos a la mar, salvo aquello de «no soy más guapo porque no entreno». Procuro echarle tupé a la vida, pero me miro al espejo por las mañanas y yo ahora tampoco.

Es fama que con todos los follones que tenía Suárez sólo se alimentaba de café, tabaco y tortilla francesa. Yo de tabaco y whisky y aquí sigo. A ver si no se me olvida decirle a mi enfermera de cabecera que voy a quitarme de la tortilla. Por lo del colesterol.

Se ve que, en fin, es mala para la salud.

Me paso al vino como vasodilatador.

tracking