EL PAISANAJE
Santa semana
Aviso para las cofradías. Se acerca la Semana Santa y, si llueve, pueden guardar el Cristo equis y sacar a Rajoy en andas. Como tampoco se le mueve un músculo de la cara da el pego y, además, será la única forma de que se moje en algo. Ahora las procesiones me aburren.
También me aburre un tal Artur Mas y toda su verborrea catalanista cuando repite a diario que él lo que quiere ser de mayor es independiente. El de las andas ni se inmuta, lo oye como quien oye llover y para que se calle un poco le da más dinero. Ya se sabe, Barcelona es bona si la bolsa sona. La pasta a mayores es de los impuestos de los demás, o sea los nuestros.
Creen Mas y sus papones que aquí cuando nos afeitamos mañaneros ya estamos pensando «a ver qué putadina puedo hacerle yo hoy a un catalán», cuando más bien pasa al revés. No en vano Artur recuerda por toda la jeta a una loción para después del afeitado. Esto no es catalanofobia sino lo contrario. Mal que le pese él parece hasta más español que yo, es decir, bajo, moreno, cabreado y con mala leche. En la tierra del cava y del salchichón de Casa Tarradellas —quítese de los dos porque son malos para el colesterol— viven la tira de andaluces, cazurrines y murcianos que cuando ahora vuelven al pueblin de vacaciones arrastran un pronunciado acento culé al saludarte, para que te enteres bien. Son peor que Montilla, ya es decir, aunque creo que a ese lo están esperando en la tierra de María Santísima y no creo que se atreva a ir.
El problema catalán, con el que Ortega recomendaba resignarse a convivir, es que allí ha crecido una clase política infame con todas las lacras que conlleva: corrupción, despilfarro, clientelismo, amiguismo pujolista a tope para vivir del cargo público, etcétera. Hasta en eso se parecen al resto de los políticos españoles sólo que con más descaro. Es lo que hay en el país.
El gallego de las andas procesionales es otro que siempre ha vivido de la política, y cada vez mejor, desde que empezó de presidente de la diputación de Pontevedra, ya ha llovido. Dice él que ganaría más dinero fuera de La Moncloa porque tiene plaza de registrador de la propiedad en Santa Pola (Alicante) hermoso pueblo donde veraneaba en barca don Santiago Bernabeu y una vez, hace muchos años, también yo. Con el tiempo se me está poniendo cara de Alfredo Landa, el cojonudo actor ya difunto, cuando en la serie televisiva Lleno por favor le decía al gasofa de la manguera creer ya sólo «en Dios, Franco y don Santiago Bernabeu». Conste que no soy del Madrid, así que por exclusión adivine mis creencias.
En treinta y tantos años de profesión nunca había visto una algarabía como la actual, que es superior a mis tímpanos y entendederas. También a mi próstata cuando dice Mariano que no pasa nada. Para mear y no echar gota.
Pues, hombre, sí puede pasar. Como que Artur se eche al monte de una declaración unilateral de independencia y a ver cómo se para después eso. Con casi cinco millones de parados teníamos ya problemas, éramos pocos y parió la abuela. Al próximo charnego de mi pueblo, La Bañeza, que esta Semana Santa vuelva a hablarme con acento catalán le estampo en la cara el Cristo que me toca pujar. Como dice el refrán gallego nos mean encima y hay que decir que llueve. Que me perdone la pequeñina Virgen de Castrotierra, que también trae la lluvia, pero este abril están cayendo chuzos de punta y me pierdo.
Gracias a Dios no tengo amigos catalanes de ocho apellidos seguidos, como en la película vasca, aunque me dijo mi señora madre que una tatarabuela mía se apellidaba Catalá. Al parecer era valenciana y la ligó el tatarabuelo cuando la mili. Para compensar se hizo luego guardia civil y eso me reconcilia con la familia, si no de qué.
Hay un chiste muy viejo de dos divorcietas, únicos supervivientes de un naufragio cruceril en el que navegaban ambos emparejados de segunda mano, y vuelven a encontrarse en una isla desierta. Lo primero que hizo el chorvo fue tapiar la isla por la mitad, no te jode.
Yo hubiera hecho lo mismo. Una buena tapia todo alrededor de Cataluña y a joderse, nens. Ya que siguen sin venderse los pisos Mariano debería hacer algo en favor del ladrillo y la construcción, gran cantera de parados. Pocas veces se dan oportunidades como ésta en la España desierta de oportunidades y sobrada de oportunistas.
Y a los de detrás de la tapia, ni agua.