Carta sin sello
Querido Iker Casillas:
Tras la nueva derrota, te queremos aún más. No es que a los aficionados nos guste la catástrofe, hubiéramos preferido que os trajeseis de nuevo la copa o que, al menos, cayerais en la final, pero al pedirnos perdón nos has ganado. También lo han pedido don Vicente y Sergio Ramos, entre otros compañeros tuyos de la Roja. Casi habíamos olvidado cómo suena esta palabra, en un país en el que, en otros ámbitos, hay tanto que perdonar. Haberlo pedido te introduce definitivamente en la leyenda.
Aristóteles, cuya sabiduría le llevó a vestir de blanco antes de que Real Madrid hubiese sido inventado, afirmó un día en el que se encontraba inspirado: «las victorias tienen muchas madres, pero la derrota es huérfana». Algo de eso hay, la ingratitud forma parte del paisaje de la condición humana. Pero el filósofo griego ignoraba, pues nadie lo sabe todo, que el corazón también mete goles. Y tú nos has goleado con el tuyo, al pedirnos perdón de una manera tan humilde y sincera, tan de gran deportista. Por mi parte, perdonado estás. Gracias por ser el mejor.
Ánimo y paradones