Cosas de aquí y de allá | Servicios funerarios

Descanso eterno en el mar

Una empresa mexicana ofrece como servicio que las cenizas del fallecido reposen flotando en una urna biodegradable o en un arrecife en el océano.

Dos submarinistas en la cueva subterránea de Hoyo Negro, en Yucatán (México).

Publicado por
PEDRO TRAPIELLOPaula Escalada | mÉXICO
León

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Crear vida a partir de la muerte es el objetivo de una empresa en México que ofrece servicios fúnebres marinos, para que las cenizas del fallecido descansen flotando en una urna biodegradable o reposen eternamente en un arrecife en el fondo del mar. A los dueños de Inmemoriam no les gustan las palabras fúnebres. Ni cripta, ni tumba, ni cementerio marino, prefieren llamar a los funerales «homenaje a la vida» y «perlas» a las bolas en las que se meten las cenizas de los fallecidos. Así lo cuenta en una entrevista uno de los fundadores, Francisco Bornacini, quien está de acuerdo con el objetivo de la empresa, «la manera perfecta de despedir a un ser querido es reintegrándolo a la naturaleza y apreciando cómo ésta lo convierte en vida».

Todo surgió cuando la madre de uno de los socios, Eduardo Patiño, le pidió que cuando muriera echara sus cenizas al mar y él no encontró ninguna forma de hacerlo de un modo elegante y simbólico. Fue entonces cuando se les ocurrió crear esta empresa, inspirada en una estadounidense pero agregándole la sensibilidad latina, después de ver en las carencias una oportunidad de negocio. La empresa ya tiene cuatro años de experiencia, pero todavía no tienen muchos clientes, y es que descansar eternamente en el mar no es precisamente barato.

Una urna biodegradable puede costar unos 30.000 pesos (2.315 dólares) y entre 50.000 y 70.000 (3.858 y 5.400 dólares) reposar en un arrecife marino. Así, realizan «uno o dos» servicios de urnas al mes y los de arrecifes «cada cuatro o cinco meses», explicó Bornacini. Eso sí, realizan con mucho esmero y respeto cada servicio, ya que les costó «mucho trabajo por todo el tema de los permisos», que tuvieron que ir acompañados de numerosos estudios sobre el impacto ambiental y las especies que ahí viven.

Cementerio marino

Los servicios que ofrece Inmemoriam son dos, el arrecife y la urna biodegradable. En el primero, explicó, «se colocan las cenizas dentro de un objeto que nosotros llamamos la perla, que es una esfera de concreto». Se va en una embarcación con los seres queridos en dirección a donde se encuentra el arrecife, dentro de la zona asignada a Inmemoriam en Ensenada Rodrigo, en el puerto de Acapulco. Allí es donde reposan en el fondo del mar estas pesadas estructuras, que son una especie de «iglús que miden un metro de alto y 80 centímetros de diámetro» con agujeros. Una vez se llega a la zona, se realiza una ceremonia y tras ésta un buzo baja hasta donde se encuentran las estructuras e inserta las perlas en ellas.

La perla lleva una placa de metal con el nombre del fallecido y se toma la geolocalización, que se les proporciona a los seres queridos para que vayan a visitarlos cuando quieran. Esta opción es la que cuesta entre 50.000 y 70.000 pesos, dependiendo de la embarcación que se alquile para hacer la ceremonia, y por el momento solo está permitida en las aguas de esta turística ciudad localizada en el Pacífico mexicano.

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La otra opción es la de la urna biodegradable, que también se realiza en las aguas caribeñas de Cancún y a la que ellos llaman «servicio dispersión de vida». Por ello, no se vuelve recuerdo de esa persona el lugar donde se deposita la urna, «sino todo el mar» y se cumple así otro de los eslóganes de la empresa: «La muerte es el comienzo de una nueva aventura». La última voluntad de personas que querían descansar en el mar.