Pasos en falso de la alarma sanitaria
Una combinación de fallos humanos, falta de equipamiento y mala formación del personal acentúan la crisis de salud pública más grave de los últimos tiempos.
Una ambulancia sin medidas de seguridad, protocolos imprecisos, supervisión deficiente o material insuficiente marcan el primer caso de infección por ébola fuera de África. Una crisis de salud pública que todavía está lejos de contenerse, llena de dudas, y que ha puesto a prueba la capacidad de España para gestionarla.
Teresa Romero se infectó, probablemente, durante su primera asistencia al misionero Manuel García Viejo, mediante un posible toque en su cara con un guante potencialmente infectado después de cambiar un pañal. El ébola se transmite a través del contacto con los fluidos y, además, causa diarreas severas entre los afectados. Aunque la investigación todavía sigue su curso, parece que la enfermera no contó con la supervisión que marca el protocolo durante el proceso de deshacerse de su Equipo de Protección Individual (EPI). Una persona que se fije en todo el proceso, lo acompañe y anote cualquier anomalía. «Este tipo de maniobras pueden pasar inadvertidas», señaló Yolanda Fuentes, subdirectora médica del Hospital de La Paz, refiriéndose al posible desencadenante de la infección. Cuando alguien detecta algún problema debe apuntarlo, y no hay nada registrado.
En detalle
Antes de mostrar los primeros síntomas Teresa Romero colaboró con la recogida de muestras y en la desinfección de la habitación en la que pasó sus últimos días el sacerdote. Cuando éste falleció, la enfermera se tomó unas vacaciones. Nunca llegó a incorporarse de nuevo a su puesto de trabajo. Estuvo con fiebre —es decir, síntomas, y la posibilidad de infectar a otros— durante casi una semana antes de provocar su ingreso. Los sanitarios a los que avisó en un primer momento no le dio la suficiente importancia ya que su temperatura no superaba los 38,6 grados, que es lo que marca la OMS como una referencia de diagnóstico de ébola. Cuando empeoró llamó al Carlos III para indicar su estado y, aun así, fue derivada al Hospital de Alcorcón. Allí se confirmó el diagnóstico. Las dos pruebas reglamentarias dieron positivo en ébola.
La auxiliar de enfermería llegó al Hospital de Alcorcón en una ambulancia del Suma —Servicio de Urgencias de Madrid— que no estaba preparada para trasladar a enfermos contagiosos en condiciones de aislamiento. El personal que la llevó —el conductor y un camillero— solo pudieron protegerse con una bata de papel, una mascarilla y unos guantes de látex. No tenían nada mejor. Tras dejarla en el hospital alertaron a la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid de lo que Teresa Romero les había dicho: creía que tenía ébola. Antes de que se confirmase el diagnóstico el vehículo realizó siete salidas más. Solo entonces se procedió a su limpieza y desinfección. De momento, ambos trabajadores forman parte del grupo de personas en observación.