COSAS DE ALLÁ
Cabra entre caballo y mono
China recibe hoy el año 4713 de su calendario, que se corresponde con el del caprínido, animal que representa la amistad, la amabilidad y la lealtad
Un artista actúa durante la presentación de la danza del león, en Pekín
Los chinos despidieron ayer el año lunar del caballo para dar la bienvenida al de la cabra, en una celebración que, pese a su carácter familiar, también llena las calles de gente, así como de desfiles, ferias o espectáculos escénicos. «¡Xin nian kuai le, xin nian kuai le!» («¡Feliz año nuevo, feliz año nuevo!»), gritaban los feriantes instalados en el Templo de la Tierra, en pleno centro de Pekín, a los centenares de visitantes que acudieron a una de las citas más típicas de la capital china en estas fechas.
El Festival de la Primavera —el nombre con el que se conoce en el país asiático el Año Nuevo lunar— es ante todo una fiesta familiar, por eso trae aparejado un éxodo de cientos millones de personas que supone el mayor desplazamiento poblacional del planeta. Las grandes urbes se quedan medio vacías en favor del medio rural, ya que, en un reequilibrio de la densidad poblacional de China, quienes viven lejos de sus hogares vuelven a sus localidades natales para festejar el cambio de año con sus familias.
En las principales ciudades, el Año Nuevo Chino altera, asimismo, las escenas cotidianas: el tráfico es fluido, la contaminación baja, hay asientos libres en el metro y las aglomeraciones humanas se desplazan de los centros de oficinas a enclaves como el pequinés Templo de la Tierra, que acogen estos días las populares ferias del Festival de la Primavera.
La feria del Templo de la Tierra estuvo ayer atestada de gente que degustaba dulces en los puestos de comida, compraba incienso o figuras decorativas de madera.
Alrededor del cambio de año hay mucho de superstición y, para empezar con buen pie en el nuevo tiempo, la tradición manda una serie de rituales a seguir.
Así, las familias chinas han de salir a la calle al filo de la medianoche y lanzar petardos para celebrar el nuevo año, tras reunirse en torno a un gran banquete y regalar a los más pequeños un sobre rojo —color de la buena suerte— con dinero. La costumbre del norte del país dice que en la mesa no pueden faltar los jiaozi (una especie de raviolis), en cuya elaboración, de participación obligada para toda la familia, se ha de introducir una moneda en uno de ellos, que traerá fortuna a quien lo coma.
Por una razón u otra, los chinos salen hoy a la calle con la esperanza de que la entrada del nuevo año les lleve salud y buena fortuna al menos hasta el día 8 de febrero de 2016, cuando otro ciclo anual lunar empiece, la cabra dé paso al mono y todos los rituales se repitan.