NUEVAS FIGURAS
La ‘pequeña Nicolasa’
La asociación Amigos de San José acusa a una mujer de fingir ser asesora de Sáenz de Santamaría e intervenir en su nombre

Rosa Ferreira Canda se hizo pasar, supuestamente, por asesora de la vicepresidenta del Gobierno
Los asesores de la vicepresidenta del Gobierno se pueden contar con los dedos de las manos. Aun así, de cuando en cuando a Soraya Sáenz de Santamaría le surgen colaboradores que dicen trabajar en su gabinete. La fiebre la estrenó Francisco Nicolás Gómez, apodado por la prensa como ‘el pequeño Nicolás’, quien durante años se codeó con las altas esferas de poder y que supuestamente se hizo pasar por intermediario del Ejecutivo y del CNI en varios negocios. «La vicepresidenta era mi contacto con Moncloa», sentenció ante los medios de comunicación tiempo después de su detención. Ahora, a la número dos del Gobierno le ha salido una nueva representante, Rosa Ferreira Canda.
Una llamada de la Generalitat valenciana alertó al equipo de Sáenz de Santamaría el pasado lunes. Hacía horas que en Orihuela, en Alicante, se rumoreaba que la vicepresidenta había dado plantón a la Asociación de Amigos de San José Obrero, una organización que trabaja con menores en situaciones familiares complicadas. Su presencia, sin embargo, nunca fue confirmada por Vicepresidencia.
El descubrimiento
Tras las primeras indagaciones dieron con el nombre de Ferreira. Llevaba meses en contacto con la fundación benéfica y como «asesora» temporal, hasta las elecciones, de Sáenz de Santamaría había llegado a garantizar que aquella mañana la vicepresidenta estaría presente en el momento de cortar la cinta. Nadie cayó en la cuenta de que una hora antes la vicepresidenta desayunaba en el Hotel Ritz de Madrid donde el líder extremeño, José Antonio Monago, daba una conferencia junto a Alberto Núñez Feijóo. A la hora del almuerzo, Ferreira puso fin a las expectativas. Una «gastroenteritis» había impedido a Sáenz de Santamaría acompañar al personal del colegio San José Obrero. «Se fueron sucediendo los hechos de manera extraña», relata el secretario de la asociación. Fue entonces cuando la Generalitat decidió autentificar la identidad de la impostora con una llamada al Gobierno que resolvió el entuerto.