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Efe | Madrid

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El acoso escolar, un problema que va en aumento, se ha convertido en una lacra que marca a los menores de por vida y, en algunos casos, los induce al suicidio, un problema que ha hecho que el Ministerio de Educación tome cartas en el asunto y habilite un teléfono de ayuda que operará a partir de junio.

El suicidio de Jokin, un joven de 14 años de Fuenterrabía (Guipúzcoa), fue el detonante en 2004 para sensibilizar sobre este fenómeno a la sociedad española, que ayer lamentó el caso de Diego, un alumno madrileño de once años que se quitó la vida el pasado octubre tras dejar escrito en una carta, dada a conocer ahora por su padres, que no quería ir al colegio.

Los padres de este menor, que era alumno del colegio Nuestra Señora de los Ángeles de Villaverde, han acusado al centro y a la Consejería de Educación madrileña de tratar de «tapar» el caso y «eludir responsabilidades».

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, ha garantizado que su Gobierno está poniendo en marcha «todas las medidas disponibles» para prevenir y combatir el acoso escolar, incidiendo en las familias, para que puedan detectar estos casos aunque el menor no lo haya contado. Cifuentes confirmó que dentro de unos días se reunirá con los padres de Diego, un caso que ha calificado de «verdaderamente terrible».

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«Queremos que no haya un grito solitario, que tengan a alguien a quien decírselo y en quien confiar», apuntó el ministro de Educación.