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pEDRO TRAPIELLO
León

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Estamos hasta los cojones, dijo ante Mariano Rajoy el líder popular vasco Antón Damborenea hablando de la corrupción que mina a su partido y avergonzándose de ver en los medios un día sí y otro también a gente pringada del Partido Popular, a lo que el gallego (a quien «las mareas» declararon «persona non grata» en su ciudad) contestó: «No te voy a explicar, Antón, hasta dónde estoy yo, pero te lo puedes suponer».

Pues no, Antón quizá lo suponga, pero Sócrates no alcanza a suponer y quiere saber… que lo diga, aunque sea en digodiego, que muestre hasta dónde le llegan las marcas de las sucesivas oleadas de mierda, sabiendo que detrás de la próxima ola vendrá otra y otra… mar arbolada… ¿hasta dónde «está» Rajoy, ya que parece superar a Damborenea en esas marcas de la inundación: hasta el ombligo, hasta las tetillas, hasta el pescuezo?... porque si es hasta la coronilla (muy probable), ¿cómo puede seguir respirando?...

Con su prurito de «superioridad moral» (eso que achacan a los populistas) Damborenea dio el titular del día, pero también dejó ver que, antes de que la mamandurria le llegara a los cojones, tuvo que llegarle a los tobillos (que ya es anegamiento), después, a la pantorrilla (que ya es marea que sube) o al pernil (que ya es alarma para quien quiera nadar y guardar la ropa)… ¿no consideró entonces necesario dar ese manotazo en la tribuna y poner ahí sus cojones?… ¿acaso no sabía?, ¿es que se enteró anteayer y, además, por la prensa del día?...

No se duda de la honestidad de Antón. Los populares vascos están hasta los cojones porque son, seguramente, lo más sano de su partido. Allí no hay pringaos. Bueno, tampoco pueden, no tocan pelo o licencia, el bacalao gordo lo reparten nacionalistas e independentistas.

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Y Sócrates nos recordó otra vez lo del simulacro de indignación moral que hacen los idiotas para dotarse de dignidad… pero celebró oír a un popular, al fin, decir cojones… y a su jefe de prensa chistándole corrección: se dice buevos.