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León

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Javier Albisu | Baikonur

Dos veces más pequeño que la Tierra y con una temperatura media en la superficie de 55 grados centígrados bajo cero, Marte es una planeta inhóspito y árido con muy poco oxígeno, volcanes extinguidos y llanuras horadadas por la lava.

Pero el planeta rojo, que debe su sobrenombre al óxido de hierro con tonos arcillosos que predomina en sus superficie, es también el mundo más habitable de nuestro entorno: una masa rocosa que se cree pudo albergar vida y que el ser humano intenta colonizar desde 1960.

«Las condiciones de Marte en el pasado se parecían mucho más a las de la Tierra actualmente. Se cree que en la Tierra hay la misma cantidad de agua que hace millones de años mientras que en Marte se ha perdido gran parte porque escapó de la atmósfera», explica el científico de la Agencia Espacial Europea Hakan Svedhem. Hoy esa agencia y la rusa Roscosmos enviarán a ese planeta situado a unos 77 millones de kilómetros de la Tierra la primera de las misiones del programa ExoMars, que aspira, entre otros objetivos, a descubrir si el cuarto planeta del sistema solar pudo albergar vida. ExoMars 2016 consta de dos partes: un orbitador que girará en torno a Marte para analizar su fina atmósfera y establecer si efectivamente en ella hay una pequeña concentración de metano y, de ser así, si su origen es geoquímico, volcánico o biológico; y la sonda Schiaparelli, que se posará sobre el suelo marciano para preparar futuros aterrizajes de naves europeas en el planeta rojo.

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