Diario de León
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pEDRO TRAPIELLO
León

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Una vaca, tres cabras y un cerdo sacaban del hambre y del apuro a la familia más humilde del pueblo. Dos o tres vacas eran lo normal; diez, un capital. En algunos casos, la salud y el binestar de la vaca estaba por delante de la pulmonía del abuelo o las paratíficas del rapaz. Si la vaca moría, la ruina se ataba al pesebre.

Recuerdo León aún lleno de vacas.

Una casa con carro tenía que tener su pareja; y el pudiente, bueyes o mulas. ¿Cómo, si no, podrían ararse sin dos vacas esas patatas o centenos? Después, las ponían al punto para parir un ternero a cada poco y venderlo. Y por si era escasa la renta que ya les sacaban, en todo tiempo las ordeñaban.

Entonces, la gente de campo era a la fuerza un poco ganadera y cada casa tenía su cuadra, su corral y hasta una corte para ovejas. En la montaña más, todos al ganao.

La vaca, entonces, era el tractor.

Al gozar del favor de ahijado, mi tío Vitalino me llevaba alguna vez a sus visitas veterinarias a todos estos pueblos de León hasta Garrafe. Las calles grijosas de Villaobispo, Villarrodrigo o Villanueva se perfumaban de heno y cuadra asfaltándose con boñigas... la riqueza de los pueblos se medía por la cantidad de bostas en la calzada y las vacas eran dueñas de la calle o la carretera, lo demostraban yendo por el puto medio, reinas del prao a la cuadra, ni les pites, porque el paisano que las guía te hará un aspaviento con su ijada exigiendo calma, aunque los hay gentiles que intentan orillarlas a varazos y lo ponen peor, se desmanda el hato, unas se espantan, otras reculan y allí sigue el tapón sin que el coche avance... y si el veterinario apremia y aprieta el claxon, siempre hay una jata nerviosita que amosca el testarazo y escacha un faro... hasta la entrada del pueblo se irá a paso de burra y Vitalino contará fábulas para entretener la espera.

Pero no tardarían en esa ribera en decir adiós a las vacas y hola al prao urbanizable. También por todo lugar fueron desapareciendo las vacas y las casas con cuadra. Hoy claman los pocos ganaderos que quedan ante los negociantes de la leche que vienen arrasando. Adiós, vacas, adiós.

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