CORNADA DE LOBO
Serenitatem
Lo normal de las rogativas que se hacían (y harán) en mayo y junio es que fueran «ad petendam pluviam», pidiendo lluvia, aunque tampoco fueron escasas las procesiones que clamaban por lo contrario, «ad petendam serenitatem», cuando las nubes se desataban sin necesidad convirtiendo el trigal en arrozal para nada.
Es el caso. Dicen que el cielo seguirá meón esta semana y la gente se malhumora, pero... «tente nube, nube tente, más vale Dios que toda la gente», dice la letanía popular que se pone a arrebatar badajos cuando quiere contener las tormentas de pedrisco desgañitando a las campanas; «tintilinublo» le dicen en la Alcarria. Y en vano trató la Iglesia de prohibir los repiques de campana «tentenube» por considerarlos superchería infundada. En el siglo XIX aún lo intentaban inútilmente los obispos con severas decretales, pero el pueblo bendito siguió en sus toques paganos porque creyó siempre más en la magia y el chamán que en la fe y el cura... y más en la milagrera cruz de Caravaca que en la Vera Cruz.
Llueve sobre anegado.
La gente del campo se rasca el cogote y ya hizo cálculos de lo que perderá este año; habrá menos grano y se aplaza la siembra de otros cultivos hasta que se vaya el charco. Las aseguradoras se aprietan el culo y no sería extraño que encarguen también sus propias rogativas. «Sansejodió cayó en mayo», acata el síndico agrario. «¡San Roque al pilón!», pide el rebotado.
Y ya habrá algún meapilas temiendo que llegue un día cualquier edil rojeras y haga lo que el alcalde de Las Castañas (Chiapas, Méjico), que en 1833 dictó un bando acordando que si en ocho días no llovía, nadie iría a misa ni rezaría; si pasaban ocho más, se quemarían capillas, rosarios y misales; y si la cosa llegaba al mes «se procederá a la quema de frailes y monjas y al apaleamiento de beatas y santurrones. En cuanto al presente, se concede licencia para cometer todas clase de pecados para que así el Supremo Hacedor sepa y entienda de una vez con quién va a tener que vérselas en lo sucesivo».
Tormentoso anticlericalismo mejicano. Y el cura, pidiendo «serenitatem».