Diario de León
Publicado por
CORNADA DE LOBO pEDRO TRAPIELLO
León

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E n Riaño están que bufan. Correos ha desmantelado prácticamente su oficina en el pueblo, ha suprimido tres carteros que daban servicio a la comarca y los empleados que quedan han de atender a carajo sacado una veintena de localidades con una media de doscientos kilómetros diarios, con lo que los certificados sólo se atienden media hora al día en el nuevo Riaño y, si el interesado llega tarde porque viene de un pueblo, ya conoce la copla del «vuelva usted mañana».

El panorama deprime porque con estas medidas cirujanas parecen estirpar la última esperanza y acelerar una muerte natural con recorte artificial y bruto, con un criterio de empresa voraz y no de servicio público, con agravio comparativo... y con un par de huevos de plomo que les presta Montoro.

La nueva despoblación del medio rural, especialmente en las áreas de montaña, es ya algo innegable que no lo para ni Cristo, aunque el político parece empeñado en seguir llenando la boca con lo de «fijar población» y otras zarandajas de vendedor de humo que acaban quedándose en pedo de monja, en pedrea de calderilla para pueblos de la cuerda o en cuatro chollos de amiguete espabilado.

Lo primero que perdieron los pueblos que ya no tenían ni médico ni cuartelillo fue el secretario. Después le llegó el turno al maestro y sin él, con la escuela muda, ya se perfilaba el acabose. Más tarde se fue el cura, primero a un pueblo cabecera y finalmente a la ciudad, lo que quiere decir que si el rey había dejado de mirar para ellos, ahora lo hacía también Dios.

Pero aún quedaba el cartero.

No, se decían, todos, al cartero jamás podrán quitárnoslo porque se siguen mandando cartas y alguien tendrá que llevarlas. El cartero es el último peón de la administración pública que se atreve a llegar a su andurrial. Y los que queden irán volados, serán gente extraña y ya no se podrán parar un rato a consolar a la señora Remedios que recibe más noticias malas que buenas, ni al señor Adrián, que ya no recibe noticia alguna y eso sí que es peor.

No mates al cartero, Montoro... al cartero no.

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