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Liturgia dominical JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES
León

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N uestro cristianismo es más un «haber sido cristianos» que un serlo actualmente. Arrastramos criterios y estilos de vida que nacieron del cristianismo, pero ya no tenemos la fe viva y original que nos haría de verdad cristianos», dice don Fernando Sebastián, que fue obispo de León. A nuestros jóvenes les salieron los dientes con la mano en la calculadora, aprendieron a distinguir los colores con los anuncios del consumo y del bienestar, fueron educados en el derecho a exigir tanto a la familia como a la sociedad sin dar nada a cambio: la propina de otros tiempos es ahora una «paga», esto es, no por favor y gracia sino por obligación, oyeron hablar mucho más de derechos que de deberes, de recibir que de dar, y se han acostumbrado a ver en el otro un contrincante competitivo, a lo más un colega, pero nunca un hermano. Hemos fabricado una generación «blanda». Son hijos, pues, de una cultura y un ambiente que ha entronizado como único mandamiento la ley del mínimo esfuerzo y el máximo de placer.

Para ser cristiano de verdad hoy se precisa «madera» de estibador, mente de quijote y corazón de aventurero. A nadar contra corriente es la invitación. Como techo ideal se ofrece convertirse en interpelación y fermento, en denuncia y motor de una comunidad de contraste: Es el compromiso. Es apuntarse a servidor y no a triunfador; aceptar la donación total de la propia vida a todos; sentirse llamado a proclamar las maravillas de Dios que invita a ser el más pobre de los humildes, mientras suenan en los oídos los cantos de sirena de los complacientes y tolerantes dioses de los hombres. Se invita a ser como Jesús, es decir, a ensayar y reproducir su vida y su estilo. Hermoso y sublime, pero así no triunfa nadie en este mundo en que nos desenvolvemos.

Jesús no pretendía bendecir lo que de hecho era la vida humana en aquel momento. Buscaba cambiarla, hacer al hombre mejor. Y eso de forma apremiante: «Se ha cumplido el plazo, ya llega el reinado de Dios. Enmendaos y creed la buena noticia». En esta misma línea envía a predicar a sus discípulos como vemos en el Evangelio de este domingo. El reinado de Dios pide una serie de actitudes nuevas: la paz, la fraternidad, la fe, la esperanza, la caridad, la vigilancia y esmero en las tareas, el esfuerzo, el perdón, la alegría... En esto consiste ser cristiano: en empezar a vivir el reino de Dios. La abundancia de mies se puede entender en sentido demográfico: el crecimiento de la población del mundo exige un mayor esfuerzo en la evangelización. Pero también en sentido sociológico, ya que es evidente un progresivo proceso de descristianización. Mucho hay que hacer para llegar a unos y convencer a otros, para que no cunda el desencanto o muera la esperanza, para que el hombre no sea un lobo para el hombre. Hay tarea por delante.

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