«Los cuidados son del 25% al 40% del PIB»
Begoña San José junto con Alicia Gaudioso y Belén Verdugo presentan hoy el libro ‘Feminismo, ecologismo y política social’.
Begoña San José, tesorera del Fórum de Política Feminista, en una foto de archivo. JESÚS F. SALVADORES
ana gaitero | león
Sólo el 33,7% de niñas y niños de cero a tres años (1.305.159) asisten al primer ciclo de Educación Infantil. Menos del 20% de 4 millones de personas mayores de 75 años tienen una prestación por dependencia.
«Estamos muy lejos de recuperar para servicios sociales, educación y salud anteriores a 2010». aseguran Begoña San José y Alicia Gaudioso en la nueva publicación del Fórum de Política Feminista que se presenta esta tarde (20.00 horas) en León en el Palacio del Conde Luna, en acto organizado por la asociación Flora Tristán.
Pese a esta realidad, el feminismo que representan mantiene como su norte «la lucha por el reparto del empleo y los cuidados y los servicios públicos». La estrategia, «para hacerlo eficazmente» requiere de «pactos para unir fuerzas entre feministas», partidos, poderes públicos, etc y «alianzas con otros movimientos» incluidos el sindical y el ecologista, recalcan.
En el siglo XXI nadie, tampoco el feminismo, aseguran, «se puede sustraer a la crisis medioambiental» en sus intentos de transformar el mundo. Como señala el subtítulo del libro Feminismo, ecologismo y política social: No tendremos igualdad si colapsa el planeta .
«Entender de medioambiente o ser ecofeminista pasa de ser una de las muchas corrientes del feminismo a una necesidad de todo el movimiento», recalcan. Un encuentro que las mujeres del Fórum de Política Feminista realizan con todas las cautelas sobre las teorías que «apuestan por la renaturalización de lo femenino», que en la práctica supone «la vuelta a la maternidad «full-time», la lactancia a demanda y por años y la sublimación, otra vez, de la mujer-madre».
Precisamente, una de las cuestiones que plantean en su trabajo es si «son medioambientalmente sostenibles las reivindicaciones de empleo para la autonomía personal, reparto de los cuidados y servicios públicos». Y la respuesta es que «aumentar las escuelas infantiles y centros de mayores conlleva aumentar el empleo».
Los cuidados a las personas con dependencia y a la infancia de 0 a 3 años que están fuera de la economía y que mayoritariamente prestan las mujeres supondrían si se profesionalizaran «un aumento del 25% al 40% del Producto Interior Bruto», afirma Begoña San José, tesorera del Fórum de Política Feminista.
La paradoja de la boda de la asistenta explica muy bien este cálculo. «Si la asistenta se casa con el señor de la casa el PIB baja porque ella pasa a hacer el mismo trabajo, pero sin cobrar», subraya.
El decrecimiento económico que plantea el movimiento ecologista como salida a la crisis medioambiental no entra en contradicción, a su modo de ver, con las aspiraciones feministas: «Ni los sueldos de las mujeres son el motor del derroche ni habrá una solución global metiéndonos en casa y con la pata quebrada», recalcan las autoras.
Hay que establecer qué necesidades, producciones y trabajos hacen falta para hacer una sociedad sostenible. En la economía actual los cuidados no son trabajos reconocidos económicamente ni que prestigien socialmente. Las feministas abogan por «deconstruir los estereotipos de género» y «de este modo la ecología y el cuidado de la tierra pasarán también por la igualdad entre hombres y mujeres», señalan.
El libro recoge las conferencias del XXV taller del Fórum de Política Feminista y se abre con una presentación de su presidenta, Marta Cárdaba Plaza, en la que señala que el actual «sistema capitalista y patriarcal es el causante del sufrimiento de millones de personas». También defiende una Renta Mínima Garantizada, frente a la actual política de rentas mínimas.
También cuenta con la aportación de Alicia H. Puleo, profesora de Filosofía Moral y Polítca de la Universidad de Valladolid, planteando que «frente a la globalización neoliberal, el ecofeminismo crítico reivindica ecojusticia y sororidad» y advierte de que si el feminismo quiere mantener «su vocación internacionalista deberá pensar también en términos ecologistas» pues las mujeres pobres del Sur «son las primeras víctimas de la destrucción del medio natural llevada a cabo para producir objetos suntuarios que se consumen en el primer mundo».