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PEDRO TRAPIELLO
León

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Me lleva la memoria a la vieja Estación Pecuaria y a mi infancia con cuatro veterinarios en la familia al saber del homenaje que tributarán a dos señeras personalidades del ars veterinaria, Félix Gordón Ordás y Miguel Cordero del Campillo, en el Congreso Nacional de Veterinaria que celebrarán en octubre aquí, homenaje siempre debido que en el caso de Gordón Ordás (Ordax) tiene algo de reparación moral tras haberle hecho fosfatina su casa natal el necio cazo de la excavadora mental de esta tierra... fue hace apenas dos meses y la incuria ya había hecho antes el trabajo mayor con dentelladas feroces que he ido viendo cada día en los últimos ocho años al ser la parte trasera de esa casa y sus corrales el primer plano desde mi balcón; ruina total; y su tejado humillado en vertical era una parábola de lo que somos con la gente de casa que alcanza talla... aunque también es cierto que muchos (de los pocos que se indignaron) no le habrán hecho siquiera el homenaje de leer algo de su obra escrita: Mi política en España (1961-63, tres tomos) y Mi política fuera de España (1965-72, cuatro tomos), siendo innecesario recordar que Gordón fue ministro, embajador y, finalmente, presidente de la República en el exilio, acreditándose con Zapatero como los únicos leoneses en alcazar la más alta instancia de la nación (al menos a Gordón le dieron callecita ciega en el fárrago de Eras de Renueva; a Papes ni se la han sugerido).

Y a cuento vuelve Zapatero si hablamos de Cordero del Campillo, pues no en vano nuestro albéitar era espejo y consejo para el ex-presidente en tantas mañanas de domingo tertuliadas en el Venecia... porque Cordero, amén de plantar bandera de prestigio en investigación mundial y docencia universitaria, jamás rehusa el compromiso político e independiente que le exige su talla de pensador libre. Y si dices «veterinarios leoneses», su nombre es el primero en salir, su facultad fue la madre de esta universidad y de muy lejos venían a titularse aquí; entonces la ganadería demandaba profesión; hoy el veterinario parece como condenado a castrar gatos o rizar chuchos.

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