Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

Creado:

Actualizado:

Mete ese libro en la maleta. Tendrás una gran ruta veraniega que jamás hiciste por los vericuetos de esa memoria incivil que, aun metiéndola en ácido o lejía, nos resucita sin cesar en los morros (o por el culo arriba a algunos)... más ahora, al cumplirse 80 años de aquello.

Con un buen libro la vacación tiene ratos de calma y aprovechamiento, así que anota: «Los imprescindibles»... una gran novela... lamentarás en su última página que no sea más voluminosa.

Literariamente es excelente, créeme, pero es su aporte histórico lo que la hace necesaria. Entras de lego en ella y sales de averiguador, se aviva la curiosidad con la ingente documentación que hubo de manejar el autor obligándose (por profesar en el viejo periodismo de principios) a contrastar, enmendar o desmentir, pues también el bulo y el mito, como el miedo, son libres y tienen botas de siete leguas.

Todo empieza en la Puerta del Sol aquel Quince de Mayo (dices 15-M y es nada, puro morse), cuando un abuelo brioso acude al cerro de gentes indignadas que se juntó en la plaza madrileña (Kilómetro-O de Ex-paña) para alumbrar acto seguido al podemismo de fervor. Y empieza a contarle a una muchacha acampada allí su historia, dura historia, la saga-fuga de unos guerrilleros que, perdida la guerra, siguieron combatiendo a Franco como maquis, «los del monte», la última decencia militar de la II República.

Cargando contenidos...

Admira la capacidad del autor para entallar este fenomenal retablo de gentes y episodios verídicos o novelados, mapa de la guerrilla antifranquista en tierras extremeñas, leonesas o urbanas, pues Raimundo Castro (le conoces bien de tertulias, teles y papeles) es extremeño de raíz y leonés de gran querencia, así que puede exhibir sobrado conocimiento de causa y el lector descubritá mucha cosa leonesa de ese tiempo trágico e idealista que desconocía del todo... pero la novela no es un elogio vano o lírica guerrillera, aquí van luces y sombras, odiseas y traiciones. Con ello busca conjurar Raimundo el olvido con que sepultaron a estos «imprescindibles»; y le sale un magnifico canto a la dignidad humana.