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PEDRO TRAPIELLO
León

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Una ilusión, una sombra, una ficción... a eso juega incluso el lego... pues toda la vida es juego... y los juegos, sueños son.

Pokémon Go es ya un fenómeno de masas aunque sigas preguntándote de qué le sirve a la humanidad la cosa o qué hambres paliará. La empresa que ideó y ceba ese invento hizo fortuna nada más salir a bolsa. Los inversores se pegaron por poner ahí su dinero, veinte mil millones en dos días, ozú. Todos hablan de Pokémon.

Pero, al fin y al cabo, es un juego y en el juego se gana alguna vez, pero casi siempre se pierde (o sólo gana el tabernero, si es a los chinos, y la banca en todos los demás), de modo que una semana después comenzó a flaquear la cotización bursátil de este bombazo y vino un desplome, desmentido sin embargo por una mayor y creciente presencia en las calles de una tropa ciega con teléfono-lazarillo en busca de muñequitos sembrados por ahí.

A jugar. Hazte crío. Cierto infantilismo mental reina en la sociedad. Gusta lo rosa, lo blando, lo chic... y las ganas, las modas y el recreo. El infantilismo es industria (y vicio) en tiempo de cigarras. Las hormigas y abejas sólo valen para viejas fábulas y cuentos lila, están gagás en esta cultura de gordos y hastiados. Es decir, que trabajen otros, esos que vienen arreados de desiertos, guerras o hambres. Aquí nos aburrimos. Y entonces, jugamos.

Muñoz Molina está aterrado y asegura que este juego acabará con la cultura... coooñó... aunque quizá no exagere, le falta poco, a la cultura ya la tienen malherida... y sus valores, meados.

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Mientras tanto, brincan y bailan los peces en el río, en esta alberca de la política española que nos canta villancicos en verano para ver si, en este belén, encuentra alguno un portal... para ponerse a parir... un mesías (¿apostamos una cena a unas terceras elecciones?). Y Errejón (es el más listo de la contrata) asegura que Podemos necesita un cambio para poder gobernar. Ahórrese debate interno y puñaladas; el cambio puede ser sutil y bien barato, tan sólo ha de variar una letra, pues si a partir de ahora se llaman Pokemos (unidos o no), se les colapsa la centralita.