Exiliados ante la paz en Colombia
El colombiano Rosaliano Riascos vive refugiado en León desde 2011. Está amenazado de muerte por ayudar a la población negra a conseguir la propiedad de las tierras. Desde León vive con inquietud el proceso de paz. Una exposición en León de Amnistía Internancional recorre 50 años de conficto.

Rosaliano Riascos posa con uno de los paneles de la exposición en el Centro Cívico del Crucero. SECUNDINO PÉREZ
carmen tapia | león
«Si no huyo de Colombia ahora estaría muerto. Me amenazaron por defender el derecho de la comunidad negra a tener la tierra en propiedad. Me tocó luchar por lograr la participación de la comunidad en el proceso de paz». El colombiano Rosaliano Riascos vive en León amenazado de muerte por los paramilitares de su país. No puede volver, de momento. Amnistía Internacional (AI) lo sacó de la comunidad de Sabaletas, en el corregimiento número 8 del municipio de Buenaventura, la ciudad colombiana más grande del Pacífico, para evitar que fuera asesinado. Estaba en el puesto número 6 de una macabra lista tras librarse de la masacre del 11 de mayo de 2000. Le dieron por muerto. Su cuerpo estaba cubierto por el cadáver de uno de sus compatriotas. La experiencia de Rosaliano es una de las miles que deja un conflicto que dura 50 años y que se ve cada día más próximo el fin tras la apertura del proceso de paz. Amnistía Internacional no quiere que caigan en el olvido las historias de vulneración de derechos humanos en Colombia y trabaja para que el proceso no se cierre con la impunidad de los asesinos. Una exposición en el Centro Cívico León-Oeste (Crucero) acoge este mes de agosto la muestra Colombia. La Paz Esquiva, que AI organiza con motivo del acuerdo de alto el fuego entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). «La exposición muestra, en 27 paneles, la situación que ha vivido este país durante medio siglo de guerra y pretende llamar la atención sobre la necesidad de que haya justicia y respeto a los derechos humanos para lograr una paz real y duradera», explica Cristina Egido, portavoz de Amnistía Internacional en León.
Exposición sobre Colombia en el Centro Cívico del Crucero . SECUNDINO PÉREZ
«Amenazas y asesinatos selectivos. Eso era lo que había en Colombia», explica Riascos, que desde el año 2011 vive en León acogido dentro del Programa de Protección Temporal de Defensores de Derechos Humanos que Amnistía Internacional puso en marcha en 1998.
«Soy un superviviente de la masacre de Sabaletas, era el líder de mi comunidad. Nos sacaron a la 01.30 horas y mataron a varios compañeros. Eran paramilitares y llegaron a las comunidades con el pretexto de que éramos colaboradores de la guerrilla. Nosotros discutíamos con el Gobierno de Colombia porque ocupábamos territorios pero no éramos duelos y no podíamos hacer planes de vida. Después de sobrevivir a la masacre sufrí persecuciones y desplazamientos hasta que Amnistía Internacional me trajo a León».
Del exilio no sólo guarda recuerdos y emociones encontradas de su país. «Allí tengo a toda mi familia, aunque mi mujer y dos de mis hijos están aquí, vinieron antes que yo, pero volver todavía está complicado. No me lo he planteado». En su pierna izquierda tiene, además, el dolor constante de la huida. «Me atravesó una bala y llevo ya dos operaciones». Desde León, viven en contacto directo con sus compañeros de Colombia y tienen propuestas para garantizar la seguridad de su regreso.
AI recuerda que pese al proceso de paz todas las partes en conflicto en Colombia «las partes en conflicto continúan cometiendo graves abusos y violaciones de derechos humanos, especialmente contra los pueblos indígenas y las comunidades afrodescendientes y campesinas».
Los últimos datos de ACNUR hablan de 4.700.000 colombianos desplazados fuera de las fronteras del país.

Riascos, recientemente operado de las heridas de bala en una pierna, en León. SECUNDINO PÉREZ
